

Ya no corre como antes. Le cuesta levantarse, tiene el hocico blanco y las patas cansadas de tantos años.
Pero hay una cosa que este perro no ha olvidado hacer ni un solo día: cuando escucha la puerta, camina hacia su dueño y mueve la cola como si acabara de descubrir la alegría más grande del mundo. No importa cuántas veces lo haya hecho antes. Cada regreso es una fiesta nueva.
El video, sin origen identificado pero real, se volvió viral por eso mismo: por mostrar algo que cualquier dueño de mascota reconoce al instante. El tiempo puede llevarse la fuerza, la vista, la agilidad. Pero no logra tocar esa parte del amor de un perro que sigue intacta, terca, fiel, esperando en la puerta todos los días.
