Nadie veía agua por ningún lado. En Perú, una clase de natación se volvió tendencia cuando se descubrió que no se daba en una piscina, sino sobre el pavimento, en plena vereda. Sin agua, sin carriles, sin bordes donde agarrarse: solo cemento, un instructor y la firme intención de aprender a nadar.

Lo que terminó de convertir la escena en viral es que nadie parecía notar el detalle. Había entusiastas repitiendo los ejercicios al pie de la letra: brazos que braceaban, piernas que pateaban, respiraciones medidas, todo con la disciplina de quien está a punto de lanzarse al agua. Y no se lanzaba nadie, porque no había adónde.

En redes, la gente se reparte entre la carcajada y cierta admiración. Si algo demuestra la escena, es que la convicción puede más que la falta de piscina.
