
Garvin Watson no esperaba encontrar eso en su caña ese día de agosto de 2024. Frente a las costas de Parismina, cerca del Parque Nacional Tortuguero en Costa Rica, algo naranja brillante rompió la superficie del agua.
Era un tiburón nodriza de casi 2 metros, pero no uno cualquiera: su piel tenía un tono amarillo-naranja intenso y sus ojos, completamente blancos, no mostraban iris. Los tiburones nodriza suelen ser marrones, un camuflaje perfecto para esconderse entre las rocas. Este no se parecía a nada documentado antes.
Un año después, la revista Marine Biodiversity confirmó lo que Daniel Arauz Naranjo, del Centro de Rescate de Especies Marinas en Peligro, sospechaba: el animal tiene albino-xantocromismo, la combinación de albinismo y xantismo jamás registrada en esta especie ni en todo el Caribe. Lo fotografiaron y lo devolvieron al mar, aunque su color ya no le sirve para esconderse de nadie.
