Eran las 7:34 de la mañana cuando la tierra dejó de estar quieta en Colombia.

El epicentro se ubicó a solo 5 kilómetros de San José del Palmar, en el Chocó, a 107 kilómetros de profundidad. Bastó eso para que Bogotá, Cali, Manizales, Pereira y Armenia temblaran casi al mismo tiempo. En Manizales una torre de la catedral se partió, fachadas enteras cayeron sobre las calles y hubo heridos. En Cali las autoridades sobrevolaron con drones para medir un daño que todavía no terminan de contar. Gente en pijama salió corriendo entre sirenas en una ciudad que hasta ese minuto dormía tranquila.

Lo que nadie deja de mencionar es la fecha. Apenas 47 días antes, el 24 de junio, un doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 arrasó Venezuela y dejó más de 6.000 muertos. Dos países vecinos, dos terremotos mayores a 7 grados en menos de dos meses. El Servicio Geológico de Estados Unidos confirma que se trata de sismos independientes, sin conexión de placas comprobada, pero en redes ya circula la pregunta que nadie logra callar: ¿qué está pasando debajo de Sudamérica?
