El artista Mickey Roberts solo quería grabar un video casual caminando por una calle de Nueva York, pero las palomas tenían otros planes.
En la grabación se le ve avanzando tranquilo hasta que decenas de palomas empiezan a acercarse, como si hubieran acordado en secreto bloquearle el paso.
El joven escribió en sus redes: “Solo en Nueva York te echan de la cuadra por culpa de una bandada de palomas. ¿Qué hice para que me odien?”
Y aunque suene a chiste, hay una razón real detrás. Las palomas urbanas han aprendido a convivir extraordinariamente cerca de nosotros. Estudios sobre estas aves muestran que toleran que una persona se acerque mucho más antes de decidir huir y que incluso pueden aprender a distinguir entre humanos que las alimentan y aquellos que las espantan.
La ciudad, además, les ofrece justamente lo que necesitan: edificios que funcionan como sustitutos de los acantilados donde sus antepasados anidaban y una enorme cantidad de alimento asociado a la actividad humana. De hecho, experimentos en otras grandes ciudades han demostrado que cuando disminuye la comida disponible para las palomas, también puede caer considerablemente su abundancia.
En otras palabras, Roberts no estaba entrando en el territorio de las palomas: probablemente eran ellas las que ya consideraban aquella vereda parte de su casa, aunque ese territorio sea la vereda por la que tú también quieres pasar.
