Carol Santos tenía todo listo para reírse un rato a costa de su esposo.

La idea era simple: comprar una prueba de embarazo, fingir un resultado positivo y grabar su reacción. Su marido estaba en la cocina, concentrado en unas patatas, cuando escuchó el grito de Carol desde el baño. Corrió sin pensarlo dos veces, dejando la estufa encendida, convencido de que algo malo había pasado.
Lo que no esperaban ninguno de los dos es que la broma se les fuera de las manos de la mejor forma posible: la prueba, la de verdad, dio positivo. El susto que iba a ser actuado terminó siendo genuino, y la cámara quedó grabando algo mucho más grande de lo planeado. Entre risas nerviosas y abrazos, la pareja se dio cuenta de que la vida les había ganado la broma a ellos.
