[VIDEO] “Quítenle los pantalones”: Periodista fue atacada por una turba de hombres durante 25 minutos. “Pensé: ‘Voy a morir aquí’”

Por Krishna Medina
4 September, 2026

En 2011, se grabó en vivo el inicio de uno de los ataques más brutales de la historia de la televisión.

La corresponsal estadounidense de CBS Lara Logan llevaba años construyendo una reputación como una reportera dispuesta a cubrir conflictos y guerras a los que pocos periodistas se atrevían a enfrentarse. Había informado desde Irak, Afganistán y otros escenarios de violencia.

Pero esa noche en El Cairo sería una pesadilla en la Tierra.

Egipto celebraba la caída de Hosni Mubarak. Después de casi 30 años en el poder, el presidente había renunciado y miles de personas llenaron la plaza Tahrir la noche del 11 de febrero de 2011 para festejar.
Entre ellas estaba Lara, cubriendo la histórica jornada junto a su equipo para 60 Minutes.

60 Minutes

En medio de la euforia, la multitud se volvió cada vez más difícil de controlar. Cuando la batería de la cámara se agotó, el equipo tuvo que detenerse por un momento. Fue entonces cuando Bahaa, el guía que los acompañaba y entendía lo que gritaban algunos hombres a su alrededor, miró a Lara y le advirtió que tenían que salir de allí.

“Después me dijeron que estaban diciendo: ‘Quítenle los pantalones’”.

Pero ya era demasiado tarde.

Una turba de 200 y 300 hombres rodeó al equipo. Sus compañeros intentaron mantenerla protegida en medio de la multitud, hasta que Lara fue separada de ellos y desapareció entre cientos de personas.

La cámara alcanzó a registrar parte de aquellos últimos segundos. Después, comenzó una agresión que se prolongaría durante aproximadamente 25 minutos.
Lo que siguió parece casi irreal de describir. Logan dijo después que pensó que iba a morir ahí.

Logan contó posteriormente que, antes de comprender completamente lo que estaba ocurriendo, comenzó a sentir manos por todo su cuerpo. Le desgarraron la ropa hasta romper incluso los broches metálicos de su sostén.

Ni siquiera sabía que me estaban golpeando con astas de bandera, palos y cosas así, porque no podía sentirlo, porque lo único en lo que podía pensar era en la agresión sexual; eran sus manos dañándome una y otra y otra vez.

Lara quedó a la “disposición” de esos hombres que no la veían como una mujer, ni como una persona, sino como un pedazo de carne de la que se podían aprovechar.

Lara fue arrastrada por toda la plaza hasta que llegaron a una valla que frenó el avance de la multitud. Al otro lado, había un grupo de mujeres egipcias que estaban acampando y, al ver el horror, corrieron rápidamente hacia ella.

Lara contó que prácticamente cayó junto a una mujer vestida completamente de negro, de la que recuerda especialmente sus ojos. Esa mujer inmediatamente la abrazó.

Las demás mujeres se cerraron alrededor de Lara para protegerla mientras algunos de sus agresores todavía intentaban alcanzarla. La periodista apenas podía respirar y algunas comenzaron a echarle agua encima mientras permanecían junto a ella.

Pero todavía tenían que sacarla de allí.

Un grupo de soldados egipcios consiguió abrirse paso entre la multitud utilizando bastones para mantener alejados a los hombres. Finalmente, lograron llegar hasta Lara, sacarla y reunirla con su equipo.

La llevaron de regreso al hotel, donde fue examinada por un médico. Al día siguiente regresó a Estados Unidos y permaneció hospitalizada durante cuatro días.
Estaba a salvo; sin embargo, el trauma ya había calado hasta lo más profundo de su ser.

El 1 de mayo de 2011, menos de tres meses después del ataque, Lara rompió el silencio frente a las cámaras en televisión abierta, donde fue completamente explícita en sus relatos.

Resultaba doloroso escucharlo, pero ella tenía una razón: quería que su experiencia pudiera ayudar a otras víctimas de abuso y violencia sexual y, especialmente, a otras periodistas que habían sufrido situaciones similares durante sus coberturas y sentían que hablar de ellas podía perjudicar sus carreras.

Lara sabía que lo ocurrido aquella noche con ella no era un caso aislado. Muchas mujeres fueron heridas y por eso decidió romper el silencio y contar una historia que muchas otras mujeres todavía tenían miedo de contar.

La misma periodista que había pasado años entrando voluntariamente en guerras y zonas de conflicto descubrió aquella noche que uno de los momentos más peligrosos de su carrera no ocurriría en medio de un bombardeo, sino rodeada de lo que muchos aún tienen el descaro de llamar personas que “estaban celebrando”.

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