
Lili se jubiló y decidió que esa noticia merecía ruido, globos y una calle entera de testigos.
Se subió al baúl de un auto decorado con globos rosas y cintas blancas, se puso unos anteojos de sol bien puestos para la ocasión y sostuvo en alto un cartel enmarcado que decía “Me jubilé”. El auto avanzó despacio por las calles de Ushuaia mientras familiares y amigos la acompañaban a pie, como si fuera una caravana de egresados celebrando el final de una carrera. Alguien la vio pasar desde un balcón, sacó el celular y grabó todo.
Lili no sabía que esa tarde, además de jubilarse, se convertiría en la prueba de que hay finales que se festejan como se debe: en la calle, con la gente que quieres y sin ninguna vergüenza.
