El edificio, inaugurado en 1883, era uno de los símbolos arquitectónicos de la ciudad. Su elegante fachada, su torre del reloj y sus detalles de estilo neorrenacentista lo habían convertido en un monumento protegido.
Pero el 17 de octubre de 2026, durante una jornada de protestas por el costo de la vida, un grupo de manifestantes encapuchados irrumpió en el inmueble y, según las autoridades, provocó el incendio.
Las llamas consumieron la techumbre hasta provocar el derrumbe de su emblemática torre, ante la mirada impotente de los habitantes.

La destrucción recordó a muchos el incendio de la catedral de Notre Dame en 2019.
“Me rompió el corazón. Volví a ver Notre Dame, pero esta vez era nuestra ciudad”, lamentó una vecina a Reuters.
El alcalde Guillaume Guérin condenó el ataque y aseguró que, aunque el edificio sufrió daños inmensos, los servicios municipales continuarían funcionando.
Un monumento que había resistido más de un siglo de historia quedó gravemente herido en cuestión de horas.
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