Obet Torres no cambió nada en su vida, pero sí en su documento. En México, colectivos y representantes de la comunidad LGBTI denuncian que este hombre se identifica como mujer transexual y de orientación lesbiana, aunque conserva una apariencia masculina. Según la denuncia, no se trataría de una identidad vivida, sino de una estrategia para evadir responsabilidades legales y familiares, entre ellas el pago de la manutención de sus hijos.

El caso incendió el debate porque toca un punto muy sensible: quienes lo señalan sostienen que ciertas personas estarían usando las leyes de identidad de género como atajo para figurar legalmente bajo otro género sin modificar su estilo de vida. Diversos sectores lo califican como un uso fraudulento de esas normas.

La preocupación va más allá de un solo nombre. Las voces que alertan sobre el tema piden regulaciones claras para cerrar los vacíos legales que permitirían estas prácticas, sin que eso termine perjudicando a quienes sí viven su identidad de verdad. Porque cuando un derecho se usa para esquivar una obligación con los hijos, ¿quién termina pagando el precio?
