

En el Hospital General de Kumamoto, en Yatsushiro, Japón, un equipo quirúrgico tenía a un paciente abierto sobre la camilla cuando un terremoto de magnitud 6.8 sacudió la estructura completa el 28 de julio de 2026. Las cámaras de seguridad registraron el instante exacto: el brazo del equipo de anestesia se balancea, los monitores se sacuden y una silla rueda por el piso. Los cirujanos no soltaron los instrumentos en ningún momento, llegando incluso a cubrir al paciente con sus propios cuerpos, mientras el resto del personal aseguraba las vías de evacuación sin abandonar la sala.
Según medios japoneses, había cuatro cirugías en curso en el hospital en el momento del sismo. Ninguna se interrumpió. El protocolo médico japonés contempla que, salvo riesgo estructural inminente, una operación abierta no puede detenerse a mitad de proceso sin poner en peligro directo la vida del paciente sobre la mesa.
El suministro de agua se cortó tras el movimiento telúrico y la atención ambulatoria quedó suspendida por horas, hasta que el hospital confirmó que se podía reanudar el servicio.
