Entre las columnas caídas y el polvo que tardó horas en asentarse, los rescatistas encontraron a una madre que no había soltado a su bebé de seis meses ni un segundo.
Lo cubría con su propio cuerpo, como un techo humano que resistió lo que el edificio no pudo.
Ese 10 de agosto de 2026, mientras el conteo de víctimas en Colombia superaba las mil personas, ese abrazo bajo el cemento se convirtió en la escena que todos necesitaban ver.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, había pedido refuerzos desde Bogotá y Medellín para sostener una operación que se extendió por horas. Cuando por fin sacaron a la madre y al bebé con vida, los rescatistas presentes no pudieron contener el llanto.
En medio de tanta pérdida, ese pequeño cuerpo respirando fue la prueba de que algo, incluso ahí, seguía intacto.
