

Petong ni siquiera podía pararse bien.
Sus patas estaban deformadas y su piel, cubierta de una infección que lo hacía ver casi irreconocible. Nadie a su alrededor, en Indonesia, movió un dedo por él. La ayuda llegó de lejos: un grupo de personas conectadas por internet, que ni siquiera vivían en su país, vieron su historia y decidieron actuar. Contactaron a @Rumahkucingifan, un refugio local, y financiaron su rescate.
Lo esterilizaron, lo despulgaron y trataron su piel hasta que sanó por completo. Hoy Petong vive en ese refugio junto a otros gatos con discapacidades similares a la suya, esperando la familia que finalmente lo ame como se merece.


