Los lobos marinos habían tomado la acera y no había forma de moverlos. La policía lo intentó durante varios minutos, empujando, rodeando, gritando indicaciones, pero la manada de más de una docena de animales no cedía terreno y el tránsito peatonal seguía bloqueado.

Entonces apareció él: pelo largo, torso descubierto, una calma que no encajaba con el caos. Sin apuro, sin gritos, empezó a guiar a los lobos marinos de vuelta al mar mientras todos a su alrededor miraban sin entender bien qué estaban presenciando.

El parecido con Aquamán fue tan evidente que el video se volvió viral casi de inmediato. Nadie explicó quién era ni de dónde salió, pero por unos minutos, en esa costa, pareció que el mito tenía nombre y apellido.
