Ridan tiene 14 años y un sueldo que bien podría gastar en sí mismo.
Vive en Sana’a, la capital de Yemen, un país donde conseguir comida cada día no es algo que se dé por sentado. Y aun así, Ridan Al-Mashouly tomó una decisión que pocos adultos se atreverían a sostener: destinar su propio dinero a alimentar con regularidad a un anciano sin hogar con necesidades especiales.
No es un gesto de una sola vez ni una foto para las redes. Según las descripciones que circulan de su historia, lo hace de forma constante, como quien cumple una promesa silenciosa.

El anciano no tiene a nadie que cuide de él. Ridan, con la edad en que otros apenas piensan en videojuegos o zapatillas, se convirtió en esa persona.
Su historia se difundió en 2020 y entró en listados de las cosas más reconfortantes de ese año, entre tanto titular oscuro.
Quizás por eso quedó en la memoria de tantos: porque la generosidad más grande no siempre viene de quien más tiene, sino de quien decide mirar a quien todos los demás dejaron de mirar.
