El cansancio la venció. En algún vagón de metro, una madre cerró los ojos rendida por el peso de un día que seguramente empezó mucho antes de que amaneciera.


A su lado, su hijo no dormía. Notó cómo la cabeza de su mamá caía hacia la ventana, buscando un apoyo que solo era vidrio frío y sacudidas del tren. Así que hizo lo que cualquier hijo que ama de verdad haría: puso sus manos como almohada y sostuvo su cabeza, minuto tras minuto, para que ella pudiera descansar sin golpearse.
Alguien grabó la escena y la subió a redes, donde se volvió viral en cuestión de horas. Miles de comentarios coincidieron en lo mismo: no hizo falta ninguna palabra para demostrar cuánto la quiere. A veces el amor más grande cabe en las manos de un niño.
