El quirófano tiembla. No es una metáfora: es Cali, es lunes, y la tierra se está moviendo de verdad.
Adentro, una paciente está en plena cirugía de neuroanestesia. Los residentes que debían ayudar a la especialista podrían haber corrido hacia la salida como todos los demás en el edificio. No lo hicieron. Se quedaron sosteniendo a la paciente y los equipos con sus propias manos, cuerpo a cuerpo con el temblor, para que nada se moviera de su lugar mientras el mundo alrededor sí lo hacía.
La Sociedad de Anestesiología y Reanimación del Valle del Cauca compartió después ese instante y lo resumió en una frase que ahora recorre el país: la vocación estuvo por encima del miedo. No hubo heroísmo de película, solo un juramento que no tiembla ni cuando la tierra sí lo hace.


