El cabo C.B. Fleming, de 42 años, llegó al complejo de apartamentos Mecklenburg Manor en South Hill, Virginia, por un reporte de fuga de gas. Era el día de San Valentín. Cuando confirmaron que era una falsa alarma, Fleming no se subió a la patrulla. Caminó hacia un grupo de niños que había estado observando todo desde la vereda.

Iesha Roper-Boswell, de 28 años, acababa de contarle que su hija y su sobrina le tenían miedo a la policía. Fleming no dijo nada. Se tiró al piso, boca abajo, y empezó a dibujar con tizas de colores y a jugar con las muñecas de las niñas. Roper-Boswell sacó su teléfono y grabó el momento, no porque imaginara que se haría viral, sino porque su sobrina, por primera vez, no rompió en llanto frente a un oficial.

El jefe de policía Stuart Bowen contó que Fleming lleva 15 años en la fuerza, tiene cuatro hijos propios y ha sido padre de acogida de otros dos. Y que esta no es la primera vez que hace algo así. “Es la clase de persona que disfruta conectar con los niños”, dijo Bowen. A veces el trabajo termina, pero la humanidad sigue.
