
El día de su boda, hacía varios grados bajo cero en Taiwán. Nadie esperaba ver una mariposa en pleno invierno, mucho menos que se posara justo sobre el hombro de la novia.
Pero pasó. Una mariposa marrón anaranjada voló hasta ella en medio de la ceremonia y la novia abrió la boca de la sorpresa antes de que las lágrimas la ganaran por completo. El insecto se quedó rondando cerca de su rostro, como si buscara secarle el llanto, mientras ella recordaba a su padre, fallecido tres años atrás.
“No puedo creer que me haya pasado algo tan increíble. Mi padre vino. De verdad que vino”, dijo entre lágrimas frente a todos los invitados. Después le habló directamente, como si estuviera ahí: “Papá, sé que eres tú. Tengo tanto que decirte. Cumpliste tu promesa”. Le contó que ahora había un hombre en el mundo que la amaba tanto como él lo había hecho.


