Vozinha tiene 40 años. Hace dos meses atajaba penales imaginarios frente a Messi en un Mundial que lo hizo querido en medio mundo. Hace dos meses también, Cabo Verde se despedía del torneo, eliminado por Argentina. Después de eso, no volvió a jugar.
Hasta el miércoles.

Ese día no hubo cámaras de selección ni himnos de países pequeños. Hubo lluvia. Hubo frío. Y hubo más de 20 mil personas en el Estadio Nacional, esperando ver con sus propios ojos al arquero que el mundo entero había aprendido a aplaudir.
Vozinha llegó a Colo Colo desde el Chaves, un equipo de la segunda división de Portugal. De ahí, directo al arco del club más grande de Chile. Sin escalas, sin acomodo, sin margen para la duda.

Salió a la cancha, se paró bajo los tres palos, y no se movió de ahí ni con el pasto mojado ni con la responsabilidad de todo un país mirándolo. Colo Colo goleó 3-0 a Unión Española, terminó primero en su grupo de Copa Chile y avanzó a octavos. Vozinha cerró la noche con el arco en cero.
Hace dos meses paraba remates por Cabo Verde, con el mar como fondo lejano. Hoy para remates por Colo Colo, con la lluvia de Santiago como testigo.
El mismo arquero. Un arco distinto. Y una historia que recién empieza a escribirse en Chile.
