Anna Bertha Ludwig solo quería acompañar a su esposo en el laboratorio. 🔬

Era diciembre de 1895 en Alemania, y Wilhelm Conrad Röntgen necesitaba probar su descubrimiento con algo vivo. Le pidió a su esposa que dejara su mano quieta bajo el aparato durante 20 minutos. Cuando reveló la placa, apareció algo que ningún ser humano había visto antes: los huesos de una mano viva, flotando en sombras grises, con el anillo de bodas todavía puesto en el dedo.

Anna Bertha se quedó mirando esa imagen fantasmal de su propio esqueleto y no pudo contener el espanto: “¡He visto mi muerte!”, exclamó. Nadie antes había visto su interior sin morir primero. 💀

Aquel experimento casero le valió a Röntgen el primer Premio Nobel de Física de la historia, en 1901, y le regaló a la humanidad una forma de mirar dentro del cuerpo sin abrirlo.

