El vuelo PD444 ya había dejado la puerta de embarque. Faltaba poco para despegar de Victoria hacia Toronto, la noche del 6 de agosto de 2026.


Entonces la tripulación notó algo: un niño pequeño estaba de pie sobre su asiento y no había forma de que aceptara el cinturón. Su acompañante intentó sentarlo, los auxiliares de vuelo también lo intentaron, pero nada funcionó.


Sin todos los pasajeros asegurados, el piloto no tenía otra opción: regresó a la terminal.
Ahí empezó el verdadero problema. Bajar al menor y a su acompañante, sacar su equipaje y rehacer el papeleo tomó tanto tiempo que, cuando todo estuvo listo, ya eran casi las 12:30 de la madrugada — la hora exacta en que cierra la pista del aeropuerto de Victoria.


El vuelo completo quedó cancelado y decenas de pasajeros tuvieron que reprogramar su viaje para el día siguiente.
Porter Airlines se disculpó, pero fue clara: la seguridad no se negocia, ni siquiera por un niño asustado. 🛫
Un pasajero salió a defender al niño: “Estaba obviamente aterrorizado, no fue su culpa” 😳 ¿Tú qué opinas?
