Brian y Kristen Wood decidieron hacer algo que no muchas familias están dispuestas a asumir: adoptar a un niño con discapacidad.
Pero ellos no adoptaron a uno, sino a tres. Cada una de una parte diferente del mundo: Estados Unidos, Bulgaria y China.
Cada una llegó desde un lugar diferente: Estados Unidos, Bulgaria y China. Y no fue porque no pudieran tener hijos. El matrimonio de Virginia, Estados Unidos, ya tenía tres hijos biológicos cuando decidieron que todavía había espacio para alguien más en su familia.
Todo comenzó en 2016, cuando conocieron en su iglesia a una familia que había adoptado niños con discapacidades a través de Reece’s Rainbow, una organización que ayuda a encontrar familias para pequeños con síndrome de Down y otras necesidades especiales.
Hasta entonces, Brian y Kristen habían pensado en adoptar a un niño con una condición que pudiera tratarse o corregirse médicamente, como el labio o paladar hendido. Pero conocer de cerca a aquella familia cambió su manera de pensar.
Así conocieron a Katie, una niña china con síndrome de Down, y comenzaron el proceso para convertirla en su hija.
En marzo de 2020 todo estaba listo. Faltaban apenas dos días para que viajaran a China a buscarla cuando la pandemia de covid-19 cerró las fronteras y paralizó el proceso.
Katie tuvo que quedarse en China y nadie sabía cuánto duraría la espera.
Los meses comenzaron a convertirse en años y, mientras seguían esperando por ella, la vida puso a otras dos niñas en su camino. Brian y Kristen iniciaron un segundo proceso de adopción internacional con Viktoria, una niña búlgara con parálisis cerebral, y posteriormente aceptaron convertirse en cuidadores temporales de Makenna, una pequeña estadounidense con una alteración cromosómica y grandes necesidades especiales.

De pronto, la pareja, que ya tenía tres hijos biológicos, se encontraba involucrada en la vida de otras tres niñas con discapacidades.
La familia fue creciendo poco a poco y todos tuvieron que adaptarse. Sus hijos mayores también comenzaron a participar en la nueva dinámica familiar, acompañando y ayudando con el cuidado de sus nuevas hermanas.
Pero la incertidumbre sobre Katie continuaba.


Pasaron cerca de tres años esperando poder llevarla a casa. Durante un tiempo recibieron fotografías, videos y noticias desde China, hasta que las actualizaciones dejaron de llegar. La incertidumbre llegó a ser tal que Kristen recuerda haberse preguntado:
“¿Está siquiera viva? ¿Podemos obtener pruebas de que está viva?”
Finalmente, después de tres años de espera, pudieron completar el proceso y Katie llegó a casa. Los tres caminos que habían comenzado de maneras completamente diferentes terminaron convergiendo y Brian y Kristen pasaron de tener tres hijos a formar una familia de seis.

Desde entonces, las niñas han conseguido importantes avances en su desarrollo y la familia comparte parte de su vida para mostrar cómo ha sido el proceso. Pero Kristen tampoco pretende mostrar la adopción como un cuento perfecto.
Especialmente con Katie. Kristen ha admitido que la adaptación fue más difícil de lo que habían imaginado. La niña llegó a casa siendo mayor que cuando comenzaron el proceso y con un gran trauma acumulado. Kristen ha hablado abiertamente sobre la necesidad de aceptar que algunas heridas no desaparecen simplemente por llegar a un hogar donde existe cariño.
Porque, como ella misma reconoce, el amor por sí solo no puede borrar el trauma.
Y eso quizás es lo que hace diferente la historia de los Wood. No se trata simplemente de haber abierto las puertas de su casa a tres niñas con discapacidad, sino de haber decidido seguir adelante incluso cuando formar esa familia terminó siendo mucho más complejo de lo que habían imaginado.
