Yahya El Jabaly nació en una aldea de Marruecos, a unas dos horas de Casablanca, sin ojos, con un hueco donde debía estar la nariz y sin maxilar superior.

Una complicación en el útero impidió que los huesos de su cara se fusionaran. Los médicos no creían que sobreviviera al parto.


Sobrevivió, pero no podía ver ni hablar: solo gruñía y chillaba, aunque su cerebro era normal. Cuando salía de casa, llevaba la cabeza cubierta. Su padre, Mostafa, recorrió consultorios y varios cirujanos se negaron a operarlo.


La foto de Yahya llegó a Facebook y la vio Fatima Baraka, marroquí que vive en Melbourne y que luchaba por entonces contra un cáncer de mama.


Reunió dinero, viajó a Marruecos y llevó al niño y a su familia a Australia, donde lo esperaba el profesor Tony Holmes, del Royal Children’s Hospital.


Holmes fue directo ante las cámaras: “Creo que es derecho de todos parecer humano, y este niño no lo parece”.

La cirugía duró unas 18 horas: el equipo rompió los huesos de la cara y los volvió a colocar.

Le hicieron una nariz con piel sobrante y un nuevo maxilar superior. Cuando sus padres vieron el resultado, rompieron en llanto. Aún le esperaban más operaciones para los ojos y la nariz.
