Lo curioso es que Dave Bautista no habla de ellos como perros que “salvó”. Dice que, en cierto modo, ellos también lo salvaron a él.
Todo comenzó en 2019, cuando adoptó a Maggie y Ollie, dos pitbulls de 6 años que habían pasado por abandono y llevaban tiempo esperando una familia. Bautista se encariñó tanto con ellos que empezó a mirar de otra manera la cantidad de perros que siguen en refugios esperando una segunda oportunidad.
Después llegó Penny. La encontraron comiendo basura en un cementerio, con una cadena incrustada en el cuello que tuvo que ser retirada mediante una cirugía de urgencia. Cuando Bautista conoció su historia, ofreció US$5.000 para encontrar a la persona responsable del maltrato.

Nunca aparecieron pistas sólidas, así que tomó otra decisión: adoptarla. La renombró Penny y prometió que nunca volvería a sufrir.
Más tarde se sumó Talulah, también rescatada, y su casa terminó llena de cuatro pitbulls que habían necesitado que alguien los eligiera.
Desde entonces Bautista se ha convertido además en defensor de la adopción y ha trabajado junto a la ASPCA para ayudar a cambiar la percepción que existe sobre esta raza. Él mismo lo resume así: “Yo los necesitaba, ellos me necesitaban”.
Hoy dice que sus perros son “su lugar feliz” y que va a seguir hablando de adopción por el resto de su vida.
