Aaron Crisler trabajaba en Dollywood, no en un estudio de grabación, era parte del staff, uno más entre cientos de empleados que mantienen el parque funcionando mientras miles de turistas pasan cada día frente al escenario donde canta la dueña de todo aquello.


Nadie lo conocía y Él tampoco esperaba que lo conocieran. Pero un día se animó a pedirle a Dolly Parton algo que sonaba imposible: grabar un dueto juntos.
Ella no lo pensó como un favor de compromiso, aceptó de verdad, se sentó con él y grabaron la canción.

“Yo no era nadie”, contó después Aaron, todavía sin poder explicarse del todo por qué la mujer más querida de la música country le regaló ese momento.

No hubo cámaras esperando el instante ni estrategia de imagen detrás. Solo una artista que decidió ver a la persona antes que al cargo, y un empleado que hoy tiene una historia que contar por el resto de su vida.
