Jack Tyler Laroche tiene 22 años y una idea fija: conseguir contenido para su canal de YouTube, sin importar el costo.
El 21 de agosto siguió a un estudiante de la Universidad del Norte de Florida desde su dormitorio hasta un baño en Jacksonville. El joven, que tiene autismo, se encerró en un cubículo con la esperanza de que lo dejara en paz. Laroche forzó la puerta, exigió su número de teléfono para “comprobar que era real” y lo puso en una llave de cabeza mientras lo grababa. Le dio golpecitos repetidos en la cara hasta romperle los lentes. La policía documentó abrasiones en la nariz e hinchazón en las mejillas.

Antes de irse, le ordenó activar un temporizador de 10 minutos y no salir del baño, o “volvería a buscarlo”. El estudiante obedeció por miedo y, apenas sonó la alarma, condujo directo a la comisaría. Cuando la policía encontró a Laroche caminando por el campus, dio un nombre falso y dijo ser estudiante. Terminó confesando que solo estaba “jugando” para YouTube.
