Zafira no puede correr sola, así que su dueño la sostiene con una tela para que juegue con su hermano cada tarde

Por Ian Price
22 September, 2026

Zafira no corre como los demás perros. Sus patas traseras no se lo permiten, así que cada tarde, cuando su dueño Hector Del Rosario vuelve del trabajo, se convierte en sus piernas.

Con una tela turquesa la sostiene por detrás y la ayuda a moverse por el jardín mientras Nemo, su hermano, corre libre a su alrededor. No es un truco ni una rutina de entrenamiento: es el ritual que los une desde hace tiempo, la forma que encontraron para que ninguno de los dos se quede sin jugar.

Hector lo cuenta simple: llega con la cabeza llena de pendientes del día y, al verlos correr juntos, todo se acomoda. Zafira no sabe que necesita ayuda para jugar. Solo sabe que puede hacerlo, y eso, para su dueño, vale más que cualquier otra cosa.

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