Antes de los Emmy, antes de Euphoria, antes de las dos portadas de Vogue, hubo una niña de Oakland, California, con camiseta amarilla y medias hasta la rodilla, corriendo tras un balón.

Zendaya Coleman probó básquetbol porque sus padres amaban ese deporte, luego el fútbol, y también corrió en pista durante la primaria.

A los 6 años cambió de rumbo: teatro, hula y hip hop. Ese giro la llevó a mudarse a Los Ángeles con su padre, Kazembe Ajamu Coleman, para trabajar en Disney.

Hoy, con 27 años y 184 millones de seguidores, admite algo que nadie imaginaría al ver esta foto: “Siempre estoy en alguna escuela secundaria actuando, y nunca fui a la escuela secundaria”.

Se convirtió en el sostén de su familia siendo apenas una niña. “Desearía haber ido al colegio”, confesó a Vogue.
