Zhang Zilong creció en un piso sencillo del condado de Pingjiang, en Hunan, China, escuchando siempre la misma frase: la familia estaba endeudada. Así que estudió, se esforzó y al graduarse de la universidad su único plan era conseguir un trabajo que le pagara unos 800 dólares al mes para ayudar a pagar esa deuda que, según él, los ahogaba.

Lo que no sabía es que su padre, Zhang Yudong, de 51 años, era dueño de Mala Prince, una marca de snacks picantes que factura cerca de 83 millones de dólares al año. La empresa nació el mismo año que él. Durante casi dos décadas, el padre sostuvo la mentira sin fisuras, incluso viviendo con modestia frente a su propio hijo.

La verdad llegó después de la graduación: una villa nueva valorada en 1,4 millones de dólares y un puesto en el departamento de comercio electrónico familiar, donde lo tratan como a cualquier otro empleado. Zhang Yudong solo le entregará la empresa si demuestra, con resultados, que se la merece.

