La vedette mexicana Lyn May recordó uno de los momentos más duros de su vida: cuando le inyectaron aceite de cocina en el rostro creyendo que era un tratamiento estético. En ese entonces era joven y, según contó, una mujer la convenció de que se vería más atractiva si se aplicaba esa sustancia.

Con el tiempo, su piel se inflamó y aparecieron bultos duros en distintas zonas del rostro, consecuencias de lo que en realidad no era colágeno, sino aceite común.

La situación empeoró con los años, obligándola a someterse a múltiples procedimientos para intentar corregir el daño. Incluso confesó que llegó a sentirse tan desesperada que pensó en quitarse la vida.

Hoy, su caso es un ejemplo de los riesgos de someterse a tratamientos sin respaldo médico.


