El caso ocurrió en Texas, EE.UU., y tiene como protagonista a Andre Thomas, un hombre condenado a muerte por asesinar en 2004 a su esposa, Laura Boren, y a sus dos hijos pequeños.

Según los registros, el crimen fue brutal y él aseguró que actuó “por orden de Dios”.

Años después, ya en el corredor de la muerte, su estado mental, marcado por un diagnóstico de esquizofrenia, lo llevó a un hecho extremo: se arrancó ambos ojos en distintos episodios y se los comió, intentando evitar su ejecución.

Pese a su grave condición psiquiátrica, la justicia ha mantenido su condena.
