En Florence, Alabama, EE.UU., un operativo antidrogas terminó en una escena tensa y caótica. Mientras la policía ejecutaba una orden de registro, David Culliver, ajeno a la investigación, irrumpió en el lugar y comenzó a desafiar a los agentes: gritaba, invadía la calzada y desoía cada advertencia. La situación escaló cuando intentaron detenerlo y él se resistió, obligando a desplegar un perro policía. En medio del forcejeo, la escena se volvió aún más violenta: Culliver sujetó al animal y lo mordió antes de ser reducido por la fuerza.
Herido tras la intervención, fue llevado a un hospital y luego a prisión, donde enfrenta varios cargos.
