Por Alejandro Basulto
2 abril, 2020

Como fabricante de máquinas de escribir, calculadoras y computadoras, fue más conocido por compartir las ganancias con su trabajadores, aumentando sus sueldos, reduciendo la jornada laboral y dando beneficios y servicios extras.

Fue en 1908 cuando en Ivrea, Piamonte, en Italia, fue fundada la empresa Olivetti. Su objetivo era convertirse en la primera fábrica nacional de máquinas de escribir, y quien estaba de detrás de este atrevido emprendimiento, era Camillo Olivetti, el que junto a solo 20 trabajadores y en un espacio de solamente 500 metros cuadrados, logra crear en 1911 la primera máquina de escribir italiana, la famosa M1. Años después, la responsabilidad de esta novedosa empresa, recaía en el hijo de Camilo, Adriano.

Fundación Adriano Olivetti

Pero antes, este joven tuvo que pasar por todos los retos que le puso su padre. Debido a que el imperativo familiar era bien claro, y todo buen jefe que se respete debía ser primero un buen trabajador. Es así como Adriano partió de lo más abajo de la jerarquía de la empresa, para ir subiendo hasta la cima de la pirámide.

Fundación Adriano Olivetti

Donde tras lograr desarrollar sus ideas, pudo controlar el 30% del mercado mundial de máquinas de escribir, además de imponer un estilo que permitió que las puertas de su fábrica se abrieran a los mejores artistas italianos de la época. Sin olvidar, que posteriormente la empresa se abrió a realización de calculadoras y computadoras.

Fundación Adriano Olivetti

Pero sin duda alguna, fue la visión comunitaria y solidaria del trabajo y la vida que tenía, lo que se convirtió en el sello de su mando en la empresa. Ya que Adriano compartió las ganancias por la productividad de la empresa con sus trabajadores, aumentándoles los sueldos, reduciendo los horarios de trabajo y dándoles beneficios adicionales. Para el año 1957, y según consigna la Fundación Adriano Olivetti, los trabajadores de su empresa eran los mejores pagados de todos en la industria metalúrgica, además, mostraban la mayor productividad.

MAURIZIO GJIVOVICH © FONDAZIONE GUELPA

Sin embargo, seguramente su mayor obra, fue su plan de vivienda junto con otros servicios para sus trabajadores. Fue así cómo llevó a cabo la construcción de una pequeña ciudad para sus trabajadores en Ivrea, donde aún se encuentra su planta. Contando con la ayuda de prestigiosos diseñadores y arquitectos italianos, construyó un poblado donde además de casas para los trabajadores, había un centro social, bibliotecas y escuelas. Y a todo esto se le suma un bus contratado por la empresa para el transporte de los empleados, junto con la atención médica y psicológica que les garantizaba.

IGOR NICOLA © FONDAZIONE GUELPA

Fue tanto su éxito, el respeto y la confianza mutua que logró con sus trabajadores, que durante la Segunda Guerra Mundial, con el miedo de que le robaran las máquinas de escribir que acababan de empacar, que Adriano solicitó a sus trabajadores que cada uno se llevara una o dos para sus casas y las escondieran ahí. Superado el conflicto, las 5.000 máquinas de escribir en total, fueron devueltas cada una y en buen estado a la fábrica.

 

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