Por Camilo Morales
8 November, 2022

La joven, llamada Dariness, se jugó todas sus cartas para poder acampar y conseguir un buen lugar en el recital del puertorriqueño. “Les dije a mis papás que me fui de vacaciones. Me autolesioné para tener descanso médico y acampar”, reveló.

Hay fanáticos que son capaces de hacer todo para poder tener la oportunidad de ver a sus artistas favoritos y estar cerca de ellos, sobre todo cuando se trata de cantantes y bandas que hacen giras especiales que podrían no repetirse en mucho tiempo más.

Es por eso que es común ver que la gente hace largas filas desde muchas horas, e incluso días antes, para poder conseguir un buen lugar o lograr comprar entradas antes que se agoten. De hecho, hay quienes tienen la osadía de acampar en plena calle y asegurar su puesto.

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Uno de estos casos es el de Bad Bunny, cantante puertorriqueño que ha causado furor este año con el anuncio de su gira mundial World’s Hottest Tour, con el que ha visitado una decena de países.

Y en su visita a Perú, en donde tocará el próximo 13 y 14 de noviembre, la historia de una chica salió a la luz por estar en el límite de lo increíble. Se trata de una joven que fue entrevistada mientras hacía la fila antes del concierto en el Estadio Nacional de Lima y reveló algo que sorprendió a los presentes.

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Según información de ATV Noticias Edición Matinal, se trata de Dariness, una chica que quería hacer lo imposible por conseguir su lugar en el concierto, aunque tuviera que provocarse heridas físicas.

Les dije a mis papás que me fui de vacaciones. Me autolesioné para tener descanso médico y acampar. Jefa, si ve esto, por favor, perdóneme. De verdad me lesioné, pero me quité el yeso para poder acampar“, confesó.

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Se notaba que la joven estaba nerviosa y muy cohibida al momento de contar su verdad. Además, las amigas que la acompañaban parecía que no querían ser grabadas ni que sus identidades se supieran porque tenían sus rostros tapados con su ropa.

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Según explicaron las jóvenes tenían un sistema muy elaborado para asegurar su puesto en la fila. Una de las jóvenes contó que el grupo contaba con 30 personas y se turnaban para que no perdieran el lugar gracias a los relevos.

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