Por Constanza Suárez
28 septiembre, 2020

Bruna conoció a Ester en muy mal estado y sintió la necesidad de ayudarla. Logró que estuviera sana y feliz con una nueva familia.

Bruna Felix, es una joven de 18 años que realizó un gigante acto de amor desinteresado: adoptó a Ester Vitoria, una bebé con parálisis cerebral y epilepsia. Ambas enfrentaron todas las dificultades del mundo para estar juntas.

La brasileña no tenía entre sus planes ser madre joven, pero cuando conoció a Ester en un barrio en Jaboatão dos Guararapes, en Pernambuco, Brasil, sintió que necesitaba tenerla a su lado.

Instagram @adotaresedoar

Con parálisis cerebral y epilepsia, la pequeña se alimenta solo a través de una sonda en su vientre. Además de su condición médica, debió soportar maltratos por parte de su madre a corta edad. Su frágil salud necesita cuidados y tratamientos diarios que Bruna, junto con su esposo Geovane Santos de Souza, de 20 años, no pueden pagar solos.

Ester tenía solo 1 año cuando Bruna la vio por primera vez. Era vecina de su madre y lamentablemente presenció los abusos que sufría la bebé a diario. “Pasé horas y hasta días sin comer, no me bañaba, tenía mal olor, tenía una desnutrición muy severa. Con tan solo un año pesaba solo 3 kilos y 200 gramos”, contó la joven a Razões para Acreditar.

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Con el deseo de sacar a Ester de ese sufrimiento, Bruna denunció a la madre y comenzó a visitar a la menor. “Llevé a Esther a mi casa, la cuidé y al final del día tuve que volver con mi madre con el corazón roto”, dijo al portal brasileño. 

En una de estas visitas a la casa de Bruna, Ester comenzó a sentirse enferma y tuvo convulsiones. “Fue hospitalizada y la madre empezó a maltratarla dentro del hospital. Fue entonces cuando perdió la guardia de Ester y nadie de la familia quiso quedarse. Iría a un albergue”, recordó Bruna. 

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Como era muy joven, Bruna no pudo quedarse con el bebé. Después de 4 meses en el hospital, Ester fue a un hogar para niños. “Se quedó allí dos días, pero regresó a la emergencia en un estado muy débil y los médicos definieron a Ester como un enfermo terminal, y que ya no podía quedarse en el hospital”, señaló. 

Mientras tanto, Bruna cumplió 18 años y con el apoyo de su suegra y su esposo, luchó por obtener la custodia de la niña y sacarla del hospital.

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Bruna no trabaja, vive para cuidar a Ester. Su esposo trabaja en un mototaxi y su suegra trabaja en la limpieza de una empresa. La familia no recibe ningún beneficio del gobierno por el estado de salud de Ester y tiene costos mensuales de vendajes, pañales y equipo de alimentación, ya que el bebé solo se alimenta por sonda.

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