Por Camilo Morales
11 November, 2022

Beatriz Sabino estuvo durante toda su adolescencia renegando de su pasado, ya que no quería que la gente se burlara por su vida rural. Sin embargo, cuando tuvo una hija su amor por sus orígenes floreció y hoy vive con ella en la casa que la vio crecer.

Aunque es algo que se adquiere con el tiempo y que depende mucho de cuánta sea la presión en el contexto social, no todas las personas son capaces de estar orgullosas de sus raíces y de donde provienen.

Hay quienes se demoran años en valorar ese recorrido, mientras que otras están constantemente dando a conocer cuáles fueron sus orígenes.

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Una de esas historias es la de Beatriz Sabino, una productora rural de Mogi das Cruzes, en Brasil, quien los últimos años ha visto como ha logrado sacar adelante a su familia haciendo lo que más le gusta: la agricultura.

Sin embargo, no siempre Beatriz estuvo contenta con su presente. De hecho, nunca se imaginó que se dedicaría a eso ya que cuando era pequeña lo único que quería hacer era salir de su pueblo y tener otra vida.

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Según Razoes Para Acreditar, esta mujer tuvo una infancia muy complicada. Caminaba 4 kilómetros por un camino de tierra para llegar a la escuela. A veces llovía, por lo que toda la ruta estaba convertida en un barrial.

Al llegar a la escuela sus compañeros se burlaban de ella porque llegaba con los pies y la ropa sucias, llenas de barro. Eso fue generando rencor en ella y el deseo de no vivir nunca más en el campo.

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Pero como los contextos cambian y la realidad da muchas vueltas, hoy puede mirar hacia atrás y darse cuenta que dedicarse a la agricultura es lo mejor que le ha pasado. Luego de dejar la agricultura cuando era joven y mudarse a la ciudad conoció al padre de su hija.

Con él comenzaron una relación que terminó tras unos años. Beatriz tuvo que hacerse cargo de cuidar a su hija sola y decidió volver a la casa de su madre en pleno campo brasileño.

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Una vez allí volvió a sus orígenes y se sintió muy orgullosa de enseñarle a su hija cuáles eran sus raíces y cómo es trabajar en el campo.

Cuando me vi en la necesidad de criar a mi hija sin su padre, fue mi madre, mi abuela y estas tierras las que nos acogieron. Hoy mi hija Isadora tiene 9 años y dice con mucho orgullo que somos agricultoras“, dijo ella.

Juntas, codo a codo han sacado adelante su hogar y también a su familia. Su historia se hizo tan conocida en Brasil que incluso fue protagonista de una serie de reportajes que se hicieron en base a las mujeres trabajadoras en plena pandemia.

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