Por Felipe Costa
11 mayo, 2021

Es el único médico municipal en un pueblo de 18.000 personas por lo que deber atender a decenas de pacientes él solo cada día. Cuenta que su profesión no tendría sentido en una clínica privada si su gente sigue sufriendo por no tener las mismas oportunidades del resto.

Para convertirse en un verdadero médico, el sentido del servicio social es algo primordial y saber que los conocimientos de uno pueden salvar vidas, es tanto una gran virtud como una increíble responsabilidad. Dichos pensamientos rodeaban la cabeza de Temie Paul Villarino, un joven que abandonó su pueblo en busca de estudiar en la universidad. Muchos veían sus logros y creían que por fin dejaría atrás la pobreza, pero demostró que sus raíces eran mucho más fuertes, informa el medio filipino PEP.

West Visayas State University

Villarino logró ser de los primeros de su clase en toda su carrera. Era un estudiante aplicado y muy talentoso, así como humilde y gran compañero. En el exámen final de Medicina, consiguió la novena puntuación más alta, graduándose así con honores de la West Visayas State University, en Filipinas. Tras revelarse los resultados aquel 2019, diferentes centros médicos del extranjero se lo peleaban para contratarlos, sin embargo, rechazó todas las ofertas.

El joven médico tomó sus maletas y volvió silenciosamente al barrio donde nació, un lugar marcado por la pobreza pero al cual no podía olvidar y con el cual se comprometió a servir una vez graduado.

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Godod es una localidad en Filipinas donde no viven más de 18.000 habitantes, allí hacía falta de un médico municipal, por lo que desde Villarino volvió, se ha dedicado a hacer trabajo silencioso por el bien de la comunidad. En aquel pueblo las situación es complicada y más aún en su barrio, ubicado arriba en la montaña y sin acceso a servicios básicos.

“Es muy fácil quejarse, de verdad. Con tantos problemas que lleva nuestro país, es muy fácil quejarse, pero estoy haciendo todo lo posible para ser parte de la solución siendo médico”.

–Temie Paul Villarino a PEP

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De pequeño la muerte de su hermano mayor lo marcó para siempre. Cuando niños se contagió del virus del tétanos y no haberse vacunado a tiempo le costó la vida. Al saber eso, se dio cuenta de lo importante que era el poder de una simple vacuna, pero su ciudad era un caos y no existía tal conocimiento.

Con su hermano presente en su cabeza todos los días, se propuso a cambiar las cosas en el futuro, se aplicó en la escuela y finalmente accedió a la universidad con una beca. En su mente estuvo siempre el deseo de arreglar su pueblo aunque fuese algo que se guardó por años.

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El 64% de la población de Godod vive en la pobreza y las filas por atención sorprendieron a Villarino los primeros días como médico. Ahora teniendo que lidiar con pacientes COVID-19, la atención supera las camas disponibles.

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Villarino sabe muy bien que es un trabajo duro, más si es el único a cargo de la salud de tantas personas, pero es el camino que el mismo decidió forjar, por lo que está dispuesto a superar los grandes retos e incesantes jornadas laborales buscando salvar vidas.

El médico municipal es consciente de la carga que lleva en sus hombros, por lo que pide a los habitantes de Godod que eviten la propagación del virus. El día que él caiga contagiado no podrá atender más pacientes y entonces sí que habrá una crisis. Aún así, se mantiene optimista y cree que su profesión solo cobra sentido cuando sirve a la comunidad, salvando todas las vidas posibles.

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