Por Felipe Costa
19 mayo, 2021

Mientras caen bombas y se escuchan los disparos del conflicto armado, Ahmed va a la escuela pero ya no para aprender, sino para enseñar a los demás niños de su misma edad. La guerra le quitó su infancia, pero quiere hacer la de otros más alegre.

Una de las misiones de organizaciones a nivel mundial, que velan por la paz, es lograr que todos los niños del mundo tengan el derecho y la libertad de criarse en un ambiente protegido, pero a día de hoy, hay sectores del planeta que aún libran guerras de las cuales poco se habla. Lugares donde los más jóvenes no conocen nada más que el sonido de las municiones pasando por sus casas y rezan por seguir viviendo un día más. Así mismo, Ahmed, un niño que aprendió a madurar de manera más temprana, asumiendo su rol de profesor con los demás pequeños de su barrio, quienes también quieren educarse.

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Ahmed tiene tan solo 9 años, es ciego de nacimiento y vive en uno de los países más peligrosos del mundo, Yemen. La guerra que ha durado años en el territorio impide que jóvenes como él crezcan de manera sana y relajada. Su escuela fue ocupada por rebeldes hutíes en 2016 y destruida casi en su totalidad. Luego de que el gobierno expulsara a aquellas tropas, volvieron las clases, pero no había dónde hacerlas.

A falta de maestros que dicten algunas clases, Ahmed demostró que sería capaz de educar a otros niños pese a su ceguera y que el único material que necesitaría sería su propia voz.

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El edificio está en ruinas, mas no su espíritu. Enseña lo mismo que ha aprendido a sus cortos 9 años, siendo todo un experto en el Corán y en en las Ciencias. Pese a haberse acostumbrado a hacer clases en un lugar que se cae a pedazos, sueña con el día en que puedan construir un nuevo edificio, con puertas y ventanas, tener pizarrones, sillas y mesas.

De todas formas, la guerra aún no termina. Mientras en otras partes del mundo, niños pueden salir al patio a jugar y escuchar el ruido del viento y los pájaros en los árboles, Ahmed y los otros pequeños siguen oyendo el ruido de las bombas y las balas.  “Cuando lo escucho, creo que me voy a morir”, dice Ahmed a la BBC.

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Tuvo que madurar más temprano, pero en el fondo sigue siendo un niño con sueños y temores. Ha aprendido a jugar con sus amigos un día y a perderlos al siguiente. Desea que todos pudiesen aspirar a cambiar sus vidas, pero sabe que nadie la tiene asegurada.

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“Tenemos miedo de los tiros. Tenemos miedo a las minas. Llegamos en peligro y salimos en peligro . Vamos a la escuela para ver amigos, para aprender. Para que podamos ser médicos o algo más, si Dios quiere”.

–Khulood, compañera de Ahmed a la BBC

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Ahmed, como todos los otros niños, quiere que la guerra acabe, pero mientras sus capacidades lo permitan, seguirá enseñando a otros jóvenes y a sus amigos. La guerra lo crió bajo un contexto difícil, pero demostró darle la vuelta y ser un rayo de esperanza para las generaciones de chicos y chicas que sin tener nada, están aprendiendo de todo.

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