Por Camilo Morales
3 October, 2022

“Es una coyuntura para el conocimiento unir los saberes tradicionales africanos con otros saberes, sobre todo en una sociedad que legitima y respeta la producción científica”, dijo la académica, quien entró a la universidad cuando tenía 63 años.

Dicen que nunca es tarde para hacer las cosas que más nos gustan y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, todavía pesan aquellos estereotipos y prejuicios de que cuando se cumple ciertas edades, hay actividades de las que hay que privarnos.

Iyagunã Dalzira Maria Aparecida es una de las mujeres en el mundo que sabe que no hay que dejarse llevar por esos comentarios y seguir hacia adelante.

Marcilene García

Se trata de una mujer de 81 años que hace solo unos días defendió su tesis doctoral en Educación en la Universidad Federal de Paraná, en Curitiba, Brasil. A pesar de su avanzada edad nunca se dio por vencida y sacó adelante sus estudios, según informó Plural Coritiba.

Iyagunã no solo dedicó parte de su vida a estudiar, sino que también se convirtió desde muy joven en sacerdotisa del Candomblé, en donde ha logrado unir los saberes tradicionales africanos con las enseñanzas que adquirió los últimos años.

Marcilene García

La mujer nunca tuvo la posibilidad de estudiar cuando era pequeña, ya que en ese momento solamente los hombres de su comunidad eran quienes iban a la escuela y ella tenía que quedarse en casa para ayudar a su madre con las tareas domésticas. De hecho, aprendió a leer y a escribir cuando tenía 13 años, gracias a la ayuda de su padre.

Cuando cumplió 27 años se mudó de ciudad y comenzó a trabajar en plantaciones de café para mantener a sus 7 hijos adoptados.

Marcilene García

No obstante, Iyagunã quiso cambiar de vida a los 47 años cuando por fin finalizó la escuela primaria a través de programas gubernamentales de educación para adultos. Ahí le entraron las ganas de estudiar y a los 63 años ingresó a la universidad para estudiar Relaciones Internacionales. 

En ese momento de su vida supo que podía combinar aquellos saberes más milenarios y vitales, con los libros y la academia. “Es una coyuntura para el conocimiento unir los saberes tradicionales africanos con otros saberes, sobre todo en una sociedad que legitima y respeta la producción científica“, cerró.