Por Alvaro Valenzuela
28 enero, 2016

“Una mujer de unos treinta y tantos años pasó por el pasillo con una pequeño bolso sobre el hombro y un bebé en brazos. No pudo evitar desconcentrarse, con el llanto descontrolado del crío”.

Viajar en avión puede ser toda una experiencia. A veces hay que armarse de paciencia sino se puede pasar un muy mal rato. Un hombre tenía un vuelo de negocios muy importante. El estrés lo tenía muy preocupado. Sin embargo en su avión le tocó una madre con un bebé enfermo que no dejaba de llorar. La actitud del tipo hacia esta madre no fue la mejor pero por suerte un sensato piloto estaba listo para resolver todo el embrollo.

Por trabajo Mauricio debía volar con urgencia hacia Madrid. Eran más de 12 horas.  No estaba muy contento, el trabajo lo tenía muy estresado y este viaje no ayudaría mucho a aliviárselo. Era un viaje de apenas dos días, estrictamente de negocios y prácticamente pasaría más tiempo en aeropuertos que en la capital de España. Su única alegría era que su oficina había pagado por asientos en clase ejecutiva así que iría más cómodo de lo normal. Pero jamás olvidaría ese vuelo.

El abordaje en el aeropuerto fue bastante lento. Una tormenta estaba demorando la salida del vuelo. La gente comenzó a impacientarse en los asientos ante la espera y le exigían una respuesta a las auxiliares de vuelo que se miraban entre sí nerviosas. Finalmente abordaron como una hora pasado la hora estipulada. Mauricio pensó que no era necesario armar tanto escándalo. ‘Como si ellas tuvieran una máquina que controlara las nubes…pero bueno así es alguna gente’, pensó. Mientras todo esto sucedía él se mantenía pegado a su computadora trabajando en unos documentos que tenía que presentar en sus reuniones de negocios. 

Una vez que abordaron el avión siguió con lo suyo. Bajó la mesa reclinable y se puso a trabajar: nada lo iba a detener. Su plan era tomar un par de cafés y dormir un par horas para llegar concentrado a la reunión. ‘Todo va a estar bien’, se dijo a sí mismo. Respiró hondo y continuó en lo suyo.

No pasó un minuto cuando una mujer de unos treinta y tantos años pasó por el pasillo con una pequeño bolso sobre el hombro y un bebé en brazos. No pudo evitar desconcentrarse, con el llanto descontrolado del crío.La mirada de desaprobación de Mauricio no fue vista por la madre.

Después de una hora el avión no despegaba y el llanto no cesaba. La mujer se sentó en la clase económica pero él no podía dejar de escuchar el desconsuelo de este bebé. Mauricio comenzó a perder la paciencia, tal como los tipos a los que criticó anteriormente. Los quejidos  del bebé eran como cuchillas afiladas que penetraban en su mente y no le permitían trabajar. Después de que llevaron la comida el niño calló pero no pasó más de una hora y volvió a llorar a mares. Mauricio no podía trabajar tranquilo. Estaba desesperado.

Cuando su mente hervía llamó a una aeromoza. Le pidió que por favor solucionara el problema.

– Qué quiere que haga señor.

– No sé, denle una pastilla a ese monstruo ¡o simplemente que esa mujer se encierre en el baño!.

– No levante la voz caballero

– ¡No puede ser!

Lo hicieron callar algunas de las personas que estaban sentadas cerca pero él reclamaba “sus derechos”. Algunos estuvieron con él y también comenzaron a increpar a la joven azafata. La chica explicó que el bebé estaba enfermo y que por eso estaba llorando así.

‘¡No son más que berrinches! ¡CALLEN A ESE MONSTRUO!’ gritó Mauricio.

Se puso de pie y ahí las miradas de toda la clase ejecutiva se centraron en él. Un tipo con traje que estaba en la fila de asientos contigua le pidió calma. Él no hizo caso y, a pesar de las súplicas de la aeromoza, se dirigió hacia la clase económica. No podía entender cómo no podían callar a esa criatura. Caminó decidido ante la mirada incrédula de las personas.

Una vez que estuvo cerca de la mujer la miró y dijo en un tono muy pesado ‘¿Hasta qué hora vas a dejar que llore ese monstruo?’. La mujer no sabía qué hacer, mecía al crío, le hacía cariño y le besaba la frente pero éste no se callaba. ‘Tiene fiebre señor…’, dijo nerviosa. Lucía desesperada. ‘Le di leche, le di su medicina…’

‘¡Eres muy inútil! ¡Cállalo!’, gritó Mauricio.

Fue como si hubiera activado una bomba. La mujer comenzó a sollozar y en seguida dos hombres y una mujer que se sentaban cerca se pusieron de pie para salir en defensa de la madre. Mauricio comenzó a discutir con ellos y miles de voces comenzaron a gritar y hablar a la vez. Se escuchaban pifias de algunas personas y uno del fondo gritó “¡Ve a sentarte abusador!”. Mauricio las emprendía contra todos gritando y amenazando con los puños.  El bebé seguía llorando. La madre miraba desesperada al grupo de personas que se juntó.

De pronto llegó uno de los pilotos del avión junto a dos aeromozas. ¡YA BASTA!, gritó el piloto que lucía impecable su traje azul marino con botones dorados. Milagrosamente todos callaron, incluso el bebé. Luego el hombre se dirigió a Mauricio.

Señor, dado que está tan preocupado por el llanto y la salud de este pequeño bebé usted deberá sentarse aquí en clase económica y usted señora, miró a la madre, nos acompañará al asiento que generosamente le acaban de ceder’.

‘Pero cóm… No puede ser es mi…’. ‘Era’, interrumpió el piloto y continuó. ‘Yo soy la máxima autoridad en este vuelo y usted está obligado a obedecerme sino hago que lo lleven detenido apenas aterricemos’.

Se escucharon aplausos. Mientras tanto Mauricio miraba incrédulo cómo una aeromoza le invitaba a sentarse en el asiento donde antes estaba la mujer. Ésta, mientras, seguía a la otra aeromoza, con su bebé en brazos, hacia a la clase ejecutiva. El pequeño dormía plácidamente. Minutos más tardes le llevaron la computadora portátil a Mauricio y este no atinó a decir nada. La apoyó en sus rodillas y trató de bajar la mesa reclinable pero no pudo.

Luego todos volvieron a sus puestos y Mauricio miraba hacia todos lados buscando un apoyo. Una solución. Alguien que lo defendiera de tamaña injusticia. Entonces se escuchó por el alto parlante:

‘Gracias por su cooperación señor. Esperamos que disfrute la comodidad de nuestros asientos de clase económica y aprenda a respetar a una madre’.

Luego repitió lo mismo en inglés”.

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