Diego, una tortuga gigante de más de 100 años, ayudó a salvar a su especie de la extinción en Galápagos gracias a su insaciable apetito sexual.

En los años 70 solo quedaban 14 ejemplares de su especie, pero gracias a un programa de reproducción iniciado tras su regreso desde un zoológico en EE.UU., nacieron unas 2.000 tortugas. Un análisis reveló que Diego fue padre de cerca del 40% de las crías, unas 800, siendo clave para recuperar la población en la isla Española.
Su historia se convirtió en símbolo de conservación y de cómo un solo animal ayudó a evitar la desaparición de toda una especie.
