Por Valeria Urra
9 agosto, 2022

“Realmente creo que fue un milagro lo que nos sucedió. Nuestro trato es vivir el hoy, felices y juntos. El amor no envejece, al contrario, es la fuente de la eterna juventud”, mencionó Mary Porto, quien contrajo matrimonio con su eterno enamorado, Raymond Widmer.

Mary Porto, una mujer brasileña de 74 años y Raymond Widmer, un hombre de 75, oriundo de Suiza, tuvieron una nueva oportunidad en el amor, luego de reencontrarse 55 años después de haber finalizado su relación.

Todo empezó en 1958 cuando ambos eran apenas unos jovencitos de 18 y 19 años, respectivamente. Mary se había mudado a Bélgica por el trabajo de su padre e ingresó a estudiar en una escuela de arte en Lausana, Suiza.

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“En la secretaría, mientras me presentaba en el instituto, un joven apuesto no dejaba de mirarme. No presté atención, porque estaba nerviosa, concentrada, pero después de ese día, comencé a darme cuenta de que dondequiera que iba, estaba esa figura sonriente mirándome. Me armé de valor y lo invité a tomar un café”, indicó.

Luego de varias salidas, comenzaron a avanzar un poco más al tomarse de la mano. El amor entre ambos era obvio, pero dieron un paso mayor cuando Mary tomó la iniciativa. “No me gusta perder el tiempo. Así que decidí que era hora y le ‘pegué’ un beso. Si tiene que ser, será, sino, se acabó”, recordó.

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La relación duró 6 meses más y luego otro medio año a través de correspondencia, después de que Mary tuviera que volver a Brasil. La pasión inicial fue disminuyendo y las cartas entre ambos eran cada vez más espaciadas, hasta que dejaron de llegar.

En ese entonces, la joven se reencontró con Samuel, un viejo amigo, y tiempo después se casaron, teniendo dos hijos. Estuvieron 16 años juntos, pero luego de divorciaron y Mary se volvió a casar dos veces más.

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“A los 70 años dije que había dejado el mercado y que ya no quería tener nada que ver con los hombres. Me había casado tres veces, estaba llena, quería envejecer en paz y ser abuela. Pero a los 74, todo cambió”, manifestó.

Un día, estando tranquila en su casa, recibió una carta amarilla con un sello suizo. “Cuando tomé la carta, fue mucha emoción, su fantasma casi se materializa frente a mí. No podía creerlo”, indicó Mary.

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En ella, Raymond le contaba que pese a haber estado casado, nunca olvidó su amor, y que mientras ordenaba sus cajones, encontró un regalo que ella le había dado. Solo eso bastó para que el suizo fuera hasta el Consulado de Ginebra a buscar la dirección de Mary.

Así comenzaron a escribirse por teléfono y la brasileña tomó una radical decisión: ir en busca de su amor. “La gente me pregunta: ¿cómo tuviste el coraje? Y sinceramente no lo sé. Decidí pagar para verlo”, manifestó.

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Fueron tantas emociones, que apenas una semana después de su reencuentro, Raymond le pidió matrimonio a su enamorada y ella feliz aceptó.

“No estaba abierta al romance, pero lo que experimentamos fue muy especial. Así que valió la pena intentarlo. Y nuestra gran sorpresa fue que habíamos envejecido de manera similar. Hoy podemos estar horas sin decir una palabra, cada uno en su rincón, feliz”, mencionó la novia.

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“Realmente creo que fue un milagro lo que nos sucedió. Nuestro trato es vivir el hoy, felices y juntos. El amor no envejece, al contrario, es la fuente de la eterna juventud”, finalizó.

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