Por Javiera Irarrázaval
14 noviembre, 2016

“No puedes encontrar tu felicidad en las manos de otro ser humano, y si piensas de esta forma sólo envenenas tu mente”.

Es algo que muchos nunca lo viven al estar constantemente en relaciones, y un estado al que muchos le temen cuando ven que una relación no está funcionando cuando piensas que todo estaba perfecto. La soledad es algo que todos saben que existe, que está ahí, pero pocos se sientan a sentirla y ver que no es tan mala como parece.

Porque en la soledad es donde cada uno de nosotros puede conocerse a si mismo; es en este estado donde logras conectarte contigo y saber  quién eres, hacia donde quieres ir y con quién quieres compartir ese poco tiempo que te queda para ti en la agitada vida que llevamos a diario.

¿Para que estar con alguien que no te está haciendo feliz solo por el hecho de decir “estoy con alguien” en vez de decir, “estoy conmigo mismo, y me encanta”. No suena mejor?

Porque es en este estado, donde puedes ser consciente de quien eres, y saber bien lo que quieres antes de tomar la decisión de estar con alguien nuevamente.

Fabiola Gurrola escribió esta carta que les mostraré a continuación para inspirar a cientos de personas que no saben estar solo, a darle una oportunidad y entender que, estando solo puedes hacer cosas increíbles para ti misma. 

“Desde que empecé a llamar la atención de los hombres y tuve mis primeros novios, me convertí en una de esas chicas que simplemente no puede estar sola. Me volví adicta a esa sensación de nervios y adrenalina que sientes cuando comienzas a salir con una persona.

 Tenía la impresión de que necesitaba el afecto, la atención y la comodidad de que alguien estuviera ahí, tanto, que olvidé cómo ser feliz sola.

Cuando sólo éramos mi alma y yo, buscaba a alguien más, siempre a la espera de la siguiente relación o por lo menos coqueteaba para comenzar algo. Nunca me di una oportunidad real de disfrutar mi propia compañía.

No sólo era poco sano buscar toda la vida, también era patético. A todas las chicas a quienes esta situación les resulte familiar, escuchen: hagan lo que las hace felices.

Aunque me costó trabajo, comprendí que la felicidad no es estar acompañada y menos cuando esa compañía te hace sentir vacía.

No puedes encontrar tu felicidad en las manos de otro ser humano, y si piensas de esta forma sólo envenenas tu mente. No puedes ser verdaderamente feliz en compañía de alguien más si no sabes cómo ser feliz por ti y para ti. Empoderarte es descubrir es felicidad.

Aprendí esta lección con la última ruptura que tuve. Por primera vez no actué como una tonta. Primero dudé en dejar ir esa relación, pero conforme el tiempo pasó me di cuenta que no era totalmente feliz a su lado.

Me quedé más tiempo del que debí, pero finalmente tuve el coraje para irme. Experimenté una ola de emociones: me sentí asustada, triste, confundida, pero una vez que pasa la tormenta, llega a la calma y todo sigue su curso.

Cuando la tristeza se alejó, pude verme desde una perspectiva distinta. Descubrí lo bella, divertida y amable que puedo ser cuando soy mi prioridad. Y por si fuera poco, ¡soy una excelente novia! Quién no pueda verlo, no me merece.

¿Por qué dejé que alguien más decidiera mi felicidad si podía hacerlo yo misma? Hoy me siento bien y feliz porque sé que la felicidad va mucho más allá de estar con otra persona. Ahora aprovecho mi tiempo para hacer las cosas que me gustan y ser una mejor persona cada día, pero también para abrir los ojos de otras personas que se sienten como algún día me sentí”.

¿Qué opinas sobre la carta? 

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