Colaboración por Josefa Barraza Díaz
Josefa Barraza es una estudiante de periodismo proveniente de Santiago de Chile. Sus cercanos la conocen como “La Pollo”, de allí el nombre de su blog. Pensamiento Liberado

Durante un largo periodo de tiempo conviví con la soltería, y aquello no me desagradaba en lo absoluto. El tener tiempo para mí era algo que llamaba mi atención. Pero al ver que todas mis amistades y familiares encontraban a su media naranja me asustaba, ya que no sabía en qué momento llegaría mi turno.

Y finalmente llegó, en un momento equivocado, pero llegó. Él era perfecto, deportista, bromista y popular, cualidades que a cualquier mujer pueden parecer llamativas. Al primer intercambio de palabras que tuvimos, nos percatamos de la gran química que teníamos. Nos dimos nuestros números y comenzamos a coquetear. ¡Todo era fabuloso! Salíamos a comer, a bailar, buscábamos cualquier panorama para compartir. De a poco iniciamos una especie de relación, sin nombre, pero ambos sabíamos que estábamos juntos. Tras un largo tiempo, volvía a reencontrarme con el amor.

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Pero todo eso se desvaneció al enterarme que tenía novia desde hace un par de años. No podía creer lo que estaba escuchando. Traté de no aceptarlo, pero lamentablemente la verdad duele. Sin dudarlo, lo enfrenté con la certeza de terminar lo nuestro, pero no pude. Mi amor por él era más fuerte, a tal punto que acepte ser la otra.

Teníamos que vernos a escondidas, sin que su novia sospechase. Al principio era adrenalínico ser los amantes de una novela de amor, pero tras varios meses la idea ya no era tan agradable. Ver fotografías junto a su novia y escuchar sus llamadas amorosas, a la larga me hicieron sentir el segundo plato, la segunda opción. Es horrible compartir a la persona que amas y no poder decirle a nadie. Aquello te destruye puesto que eres parte de un secreto.

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Cansada de la situación, le dije que tenia que elegir entre su novia o yo, con la esperanza de que me elegiría. Eso no sucedió, ya que el decidió terminar con su novia pero no para estar conmigo, sino que para estar solo por un tiempo. Además me pidió que por favor no le contase a su ex-novia de lo nuestro. Escuchar esas palabras hicieron darme cuenta que me tenía que valorar como mujer. Lo amaba, pero me amaba más a mí misma. No lo busqué más porque sabía que si lo volviese a ver, caería en sus redes de nuevo.

No me arrepiento de haber sido la amante, ya que lo amaba, pero nunca más lo volvería a ser. En mi experiencia pude entender que un hombre no vale tanto para tener a dos mujeres y una mujer no vale tan poco para ser la segunda.