Por Teresa Donoso
5 June, 2015

Y lo ha cambiado todo.

Voy a confesar algo: yo era de esas chicas que se escondían en el baño con tal de no tener que hacer ejercicio en el colegio. Definitivamente lo mío no era el movimiento, no lo disfrutaba, no le encontraba sentido, no entendía eso de comer más frutas y menos golosinas. Supongo que era un tiempo en el que somos más inmunes al deseo de tener ese cuerpo perfecto, una edad donde lo que importa es sólo lo que nos gusta y donde nos amamos con mayor facilidad. Mi mejor amiga estaba en el grupo de atletismo y yo iba al taller de teatro. No veía porque una cosa tendría que ser mejor que otra.

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@nikewomen

Cuando llegué a la adolescencia las cosas seguían sin cambiar mucho y si bien había cosas de mí misma que no me gustaban tanto, las aceptaba porque tampoco estaba dispuesta en hacer algo que simplemente no me interesaba. Cuando entré a la universidad comencé a ejercitar por salud mental: el estrés y la presión que vivía eran constantes y fuertes y pasar algunos minutos sobre la bicicleta estática me daba una sensación de paz. Nada tenía que ver con la imagen corporal.

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@nikewomen

Si nos vamos hacia el futuro y llegamos al momento en el que estamos ahora, te encontrarás con una historia totalmente diferente. El adjetivo “corredora” me describe a la perfección y soy capaz de levantarme antes que todos un día sábado sólo para ver amanecer mientras recorro las solitarias calles. Mi rutina de ejercicios requiere que 5 a 6 días a la semana llegue a casa a cambiarme de ropa y vuelva a salir, correr no lo es todo y también he incorporado rutinas de pesos. Quizás estarás pensando que claramente he mentido y que todo esto tiene que ver con mi estricta dieta, con la forma en la que me veo, con la talla de ropa que compro, pero te equivocas.

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@nikewomen

Constantemente recibo comentarios sobre mi estado físico, sobre la “suerte” que tengo porque puedo comer muchas calorías sin subir de peso. A pesar de que no respondo nada, quiero decirles hoy que lo que hago con mi cuerpo poco tiene que ver con la forma en la que me veo. La razón por la que hago ejercicio es porque me emociona y me anima todo lo que mi cuerpo puede hacer. Porque mido mi felicidad en kilómetros y no en centímetros perdidos, porque salgo por las mañanas muy temprano al gimnasio y no es para gastar más calorías sino que para tener más energía y más años de vida.

A mi cuerpo he aprendido a amarlo por lo que hace, por lo que me permite vivir, por la forma en la que se mueve. Porque no se movería igual si tuviera piernas largas y perfectas, porque no correría igual si tuviera menos centímetros aquí o allá, porque el balance no sería el mismo si fuese más alta, porque la fuerza que tengo no sería igual si mis brazos fueran más delgados.

No importa como es mi cuerpo, no importa la forma que tiene el tuyo, lo único que importa es amarlo por todo lo que hace, porque sin él sería imposible vivir la vida que vives. Piénsalo así la próxima vez que decidas hacer ejercicio.

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