Por Maximiliano Díaz
22 June, 2018

El bebé apretó su cola y sus patas, el perro claramente estaba incómodo, sin embargo la madre no hizo nada más que celebrar la inocencia de su hijo. Después de un rato, el animal se hartó.

Son solo 37 segundos, pero son devastadores y preocupantes. En el inicio del vídeo, se puede ver a un bebé. Ni siquiera puede sostenerse aún en sus piernas. Gatea. Está junto a un perro, le toca las patas y le aprieta la cola. “Descubre”, dirán los padres más abnegados. El animal lo mira. Está sentado echado en el piso y apoyado en un mueble. Busca alguna mirada cómplice mientras el niño lo molesta, pero nadie parece prestarle atención al animal. La mamá del niño lo está grabando todo. Para ella, al parecer, es un tierno momento. Una de esas postales en vídeo que quedan para siempre con las familias. No es raro que ella lo piense así. Si desmenuzamos un poco el internet, nos daremos cuenta de que está lleno de vídeos que incluyen a bebés y mascotas, descubriendo juntos momentos maravillosos de la edad más temprana.

Pero este no es el caso, el perro se ve algo incómodo. El bebé se apoya como puede sobre él. A veces trata de hacer contacto visual con el perro, aunque la mascota lo evita, y luego mira a su madre. Ella hace sonidos para calmar y alentar al bebé. En un momento, el contacto visual entre la madre y su hijo se prolonga. Uno no ve a la madre, pero lo supone porque el bebé se queda pegado mirando a la cámara. El perro no hace nada, continúa en lo de antes. Mueve la cabeza hacia todos lados. La escena se mantiene y el momento se vuelve muy tenso. Uno, como usuario de internet, sabe que los vídeos breves suelen acabar mal, y el bebé ya lleva un buen rato probando las texturas de la piel del animal.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Entonces, el perro se sale de control. En una secuencia muy breve e impresionante, pierde toda su pasividad: gira la cabeza hacia donde está el bebé, muestra los dientes, y se le abalanza sobre la cabeza. Se alcanza a ver que agarra el casco con sus dientes, pero entonces, la imagen se pierde. Parece ser que la madre tira el teléfono, o lo deja sobre alguna superficie plana, pero a partir de ese momento, solo se escucha al infante llorando a gritos mientras la cámara apunta, estática, al techo.

Después, la imagen se va a negro. No sabemos lo que pasa con el bebé.

Horas después de que el vídeo se hiciera viral, muchos usuarios comenzaron a esparcir fotos de una pequeña cabeza calva llena de heridas y profundas mordeduras. Esas eran, según ellos, las consecuencias del ataque del perro sobre el bebé. Sin embargo, poco a poco, fueron saliendo al paso más y más usuarios asegurando que esas fotos no eran reales. Que el bebé de la fotografía no tenía nada que ver con el del vídeo. Y, a pesar de no tener pruebas que evidencien su estado, muchos aseguran que el bebé solo sufrió heridas leves, y que ya se encuentra bien, de vuelta en los brazos de su madre (y probablemente alejado del can).

Los usuarios de internet contra una madre irresponsable

Muchos podrán culpar al perro, es cierto. Sin embargo, es importante recalcar que, en este contexto, la persona que era la encargada tanto del animal como del bebé, y que era la única dotada de un juicio moral, y tenía una noción clara del peligro para un caso como este, era la madre.

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Muchos animales se ganan nuestra confianza y los terminamos tratando como si fuesen parte de nuestra familia. Pero no podemos dar por sentado que no ataquen a alguno de nuestros cercanos (sobre todo si los exponemos irresponsablemente a nuestras mascotas, y no nos damos cuenta de que representando una molestia).

Y esto, al contrario de lo que muchos piensan, no vuelve al animal un ser “malo”, “vil” o “cruel”. Simplemente está apelando a ciertos instintos con los que nosotros, como seres dotados de otro tipo de consciencia, no podemos empatizar.

Es un hecho, hay más de 700 razas de perros en el mundo. Es un abanico increíblemente amplio a la hora de escoger una mascota y querer ligarla a la vida familiar. A pesar de que hay criadores que recomiendan a algunas razas por sobre las obras, como al bichón, el pug, el yorkshire, el bulldog o el boxer, es más que necesario recalcar que la raza no es lo que hace que un perro pueda convivir de manera civilizada con seres humanos, sino la educación que a este se le da. Algunos podrán pensar que un perro mestizo, como el del vídeo, es menos propenso a respetar los límites, y tendrá una tendencia más marcada hacia la agresividad. Sin embargo, todo tiene que ver con la educación y el acercamiento que le damos a nuestras mascotas con nuestra familia.

Y, en este caso, el error de la madre fue el no mediar la comunicación entre el perro y el bebé. Es sabido, los perros tienen una sensibilidad muy desarrollada, y pueden sentirse adoloridos u hostilizados con mucha facilidad. Entonces, lo que viene, por la pura lógica de la protección, es un ataque. En este caso puntual, el culpable no fue el perro por “no poder contenerse”. El verdadero problema radica en la forma en la que el bebé y el animal tuvieron una aproximación.

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Según la página oficial de Máster Dog, hay una serie de pasos que uno puede tomar para hacer que un bebé y un perro se conozcan de manera satisfactoria. Estas incluyen hacer que el perro huela la ropa usada del bebé antes de presentarlos, de esa forma, el can se familiarizará con el olor, y se sentirá más cerca desde un punto muy temprano.

No es recomendable un primer encuentro sin antes presentarle los olores a la mascota. Cuando esto ya esté hecho, y ambos se conozcan, es bueno que no sea en el hogar: fuera de casa, un perro es más inofensivo y menos territorial. Y, por supuesto, el bebé debe permanecer en los brazos de los padres en todo momento. Hay que dejar que el perro lo huela, y luego pueden tener una aproximación física más cercana. Nunca hay que poner al bebé frente al perro de manera inmediata.

Por otro lado, también se recomienda que el perro no se vea apartado de la actividad familiar; y que la rutina que lo incluía a él antes de la llegaba del pequeño, pueda continuar de la manera más normal posible.

Shutterstock

Recordemos que los perros son animales de costumbres y que, por más que nos guste mantenerlos cerca, también deben ser disciplinados bajo ciertas lógicas. El que conozcan a otros humanos no funciona mediante el instinto, sino la educación.