Por Maximiliano Díaz
19 July, 2018

Fue la primera gran cirujana plástica. Dio dignidad a su profesión, salvó miles de vidas y apoyó el sufragio femenino. Desgraciadamente, las escuelas no la recuerdan.

¿Qué se podía esperar de una mujer burguesa y europea nacida a fines del siglo XIX? Lo típico: un buen matrimonio, una casa grande, muchos hijos. Aprender a preparar un té excelente, guiar a su empleada en las labores domésticas. Amar a sus hijos. Sufrir en secreto por alguna aventura de su marido. Pasar el tiempo leyendo a Jane Austen y Emily Brontë. Superar sus pequeñas tragedias. Usar vestidos hermosos y poner la ponchera más elegante cuando se celebraran famosas fiestas en su casa. 

Prohibido estudiar, trabajar, emborracharse, conocer gente. Prohibido todo. Si tenía alguna inquietud, podía solucionarla mediante clubes de lectura, cosiendo o aprendiendo un poco de botánica.

Por eso le dijeron a Suzanne Noël que estaba loca. Y no una, sino dos veces. Una mujer nacida en 1878 no podía tomar sus propias decisiones. Mucho menos querer ir a la universidad. Ella había nacido en Laon, al noreste de Francia. Creció aprendiendo a pintar y coser. Sus padres, aristócratas, veían en ella al perfecto ser humano amoldable para la vida burguesa: delgada, dócil y bella. Sin embargo, demasiado inteligente e inquieta. Quiso estudiar y, por supuesto, no se lo permitieron. Pero a los 19 años contrajo matrimonio con un médico, su nombre era Henri Pertat, y la ayudó a acabar el bachillerato y comenzar a estudiar Medicina, carrera de la que Noël salió triunfante, como una de las alumnas más destacadas de su promoción.

María Acha-Kutscher

Mientras hacía su pasantía con Hippolyte Morestin, Noël descubrió que quería ser cirujana. Morestin era experto en cáncer de lengua. Podía reconocer cada fibra, filamento y músculo que la compusiera. Además, durante la Primera Guerra Mundial se había convertido en un experto en cirugía y reconstrucción maxilar. Según comentaba Noel, su maestro le relató que hasta 15.000 hombres sufrieron amputaciones en cara, cráneo y mandíbula. Ella vio los registros, aprendió los contornos del rostro e hizo sus primeros cortes. A los mutilados durante la guerra, se les conoció como bocas rotas. El Gobierno francés creó un departamento para servir a sus soldados menos afortunados, lo bautizó como Servicios Especiales de Prótesis Bucomaxilofacial y Restauración de Cara. Ahí Morestin lo había aprendido todo.

Entonces, Noël se decidió por reconstruir rostros para los militares mutilados.

Si hoy en día se cuestiona a las mujeres por “superficiales”, no será difícil imaginarse cómo habría sido 100 años atrás. Cuando Noël cosía orejas y rearmaba bocas, le decían que su disciplina era prescindible dentro de la medicina. Solo se preocupaba de la imagen. Ella, con integridad y vocación, decía que era una bendición para la humanidad. Lo repetía con una seguridad impresionante. Pero era porque ella iba un paso adelante. Cuando comenzó su carrera médica, ella también creía en la cirugía plástica como una triste necesidad que se les imponía a las mujeres. Si ellas no estaban felices con su aspecto actual, eso significaría un beneficio para la industria de la cirugía plástica. Entonces, Noël tuvo una especie de epifanía: no pensar los cambios estéticos como una necesidad del mercado, sino como un nuevo aliado.

La primera paciente a la que atendió sin cobrarle un euro era una mujer. Madre, soltera y recientemente despedida de su trabajo. Ella, le contaba a Noël, había sido sustituida por otra mujer más joven. Entonces, la médica decidió regalarle una operación. Según ella, hizo mucho más que estirarle la piel: también se abrieron puertas, y eso se fue viendo después. Probablemente, la más importante, sea que la mujer haya recuperado su trabajo casi inmediatamente después de ser intervenida. 

Retrato de Noël (Foto: Club Soroptimista de París)

Noël se hizo conocida. Su consulta de a poco comenzó a ganar fama, y recibió a reconocidas celebridades de todo el mundo, como por ejemplo, la actriz Sarah Bernhardt, quien asegura haber salido profundamente satisfecha de la consulta de la doctora. Ella, por sus métodos poco invasivos, proponía una recuperación rápida. Según Marifé Prieto, secretaria general de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEP): “Noël prefería intervenir tres veces y que su paciente pudiera hacer vida normal pronto, algo que defendemos hoy la mayoría de los profesionales”.

“Quiero votar”

Pero operar no era lo único que hacía la cirujana. Antes de 1924, Noël cosió a su sombrero una cinta que decía “Quiero votar”. Un derecho que no era para todas las mujeres en ese entonces. Noël decidió armar un acto revolucionario, y llevó a cabo una huelga de impuestos bajo la consigna de “Si no hay igualdad de derechos, no hay igualdad de pagar”. Eso llamó la atención de una asociación soroptimista de los Estados Unidos, y abrió el primer grupo soroptimista de Europa. Las mujeres se reunían en el Rotary Club, en concentraciones a las que ningún hombre quiso sumarse. Noël contaba que tenían encima a todos sus maridos, incluso al suyo, un dermatólogo con quien se casó después de enviudar de su primera unión. 

Pero los hombres en contra solo encendieron más el deseo de la cirujana. Ella se había quedado prácticamente sola y encontraba en el apoyo femenino todo lo que deseaba para el futuro. De cierta manera, la ciencia y la lucha feminista le habían devuelto la energía en un momento muy duro de su vida. Tan solo dos años antes su hija de 13 años, Jacqueline, había muerto en manos de la gripe española.

Una foto de Noël operando a un paciente real extraída de su libro (Foto: Soroptimist)

Poco después, Noël terminó su doctorado y fundó clubes soroptimistas por todo el mundo: Ámsterdam, Viena, Berlín, Pekín y Tokio. A pesar de que, obviamente algunos feminismos actuales y otros de la época intentaban desconocer su labor feminista, pues para muchas personas es inconcebible que se intente dar apoyo a lo femenino aportando a un cambio de aspecto para complacer los estándares de belleza masculinos, Noël pensaba en la cirugía estética con fines prácticos: gracias a ella, sus pacientes podían emanciparse social y financieramente en una época en la que las mujeres eran económicamente dependientes de sus esposos.

Por si fuera poco, Noël no fue solo una madre que superó la muerte de su primer marido y su única hija, una doctora, médica y feminista. En 1926 publicó un libro al que tituló “La cirugía estética”. En él, hablaba sobre la artesanía de mejorar los aspectos ajenos. Hablaba, también, sobre lo que la cirugía significaba para ella a grandes rasgos. Por primera vez habló sobre las posibilidades del error y usó fotografías y modelos reales. Es un relato desgarrador y real sobre lo que significó para ella el aprendizaje, y la presión de aprenderlo en los contextos que le fueron otorgadas. Logró dar entidad y prestigio a su disciplina en una época en la que la llamaban “Una práctica inútil para coquetas”.

Una paciente de Noël (Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo)

Los largos períodos de desempleo que provocaba la capa caída de las cirugías estéticas, la obligó a mantener una consulta en su casa. Mientras tanto, recibía fuego cruzado de todas partes. Si ahora ser mujer no es fácil, es inimaginable cómo sería el ser la mujer más famosa entre los cirujanos estéticos de toda Europa, dejando de manifiesto la dignidad de su trabajo y la dificultad de su labor. Noël también se declaraba una persona abiertamente antinazi.

Buscando una manera de adherir a la causa antibelicista que se ponía en la vereda contraria a Hitler, la cirujana pensó en los judíos buscados por la Gestapo. Gastó tiempo, dinero y energía en contactarlos, ganarse su confianza, llevarlos a su casa y operarles el rostro para que los soldados nazis no pudieran dar con ellos.

Cuando el período más fuerte de la persecución paró, y los primeros sobrevivientes de los campos de concentración volvían a salir a las calles, en un doloroso intento de volver a sus vidas, Noël continuó concentrando la fuerza en sus manos, pero se decidió a pasarlas a otra área: ahora, ayudaba a limpiar cicatrices, sanar quemaduras y mejorar los rastros de las secuelas en las pieles que habían pasado por los campos.

Noël operando (Foto: Soroptimist)

Noël murió en 1954. Desgraciadamente, su labor quedó registrada en apenas algunos libros, y esos libros, a su vez, olvidados en los anaqueles. Hasta el día de hoy, su legado se mantiene prácticamente del boca en boca, y de una beca francesa que lleva su nombre. No la mencionan en las escuelas de estética ni en las clases de cirugía plástica. Hoy, de hecho, esta se ha vuelto una disciplina habitada mayormente por hombres. Según cuentan, las mujeres siguen peleando por su espacio en la medicina, y dando explicaciones al mundo al momento de hablar de sus pequeños empoderamientos mediante los conductos regulares y establecidos.

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