Por Maximiliano Díaz
13 July, 2018

Curiosamente, la industria de la leche en polvo ha dado mucho dinero a Trump.

En el 2018 aún existen personas que califican como “inmoral” o “asqueroso” que algunas mujeres den pecho en público. Un sentido del pudor que, a pesar de estarse quedando atrás cada vez más, algunos siguen sosteniendo con vehemencia. Uno de ellos (¿sorpresa?) es Donald Trump. Al menos así lo han dejado ver algunos defensores de la alimentación y la lactancia materna, cuando en los Estados Unidos se mostraron en contra de alcanzar una resolución internacional para aprobar la lactancia en lugares públicos.

A pesar de que actualmente había una larga lista de países que buscaban generar una solución mundial para poder darle dignidad y amparo a las madres que necesitasen alimentar a sus bebés en lugares públicos, un informe demostró que la delegación estadounidense en la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra levantó serias amenazas contra todos los países que intenten votar a favor de esta legislación mundial.

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Los países y las personas a favor de la medida estaban indignadas. Muchas naciones llevan años intentando desestigmatizar la alimentación de los lactantes en lugares públicos, y esta clase de situaciones solo termina por marginar más a mujeres y bebés. Estos últimos, a pesar de no pagar en términos sociales, si lo hace en los de salud, pues se ha establecido que los sucedáneos de la leche materna carecen de las propiedades que ellos necesitan.

Según el New York Times, la delegación de Trump comenzó aceptando a regañadientes. Lo típico: alguien no está de acuerdo, pero se suma al veredicto de la mayoría (los ejercicios democráticos no son terribles), pero después de avanzada la asamblea, exigió que se removiera una parte del texto de la declaración internacional que rezaba que los gobiernos buscaban “proteger, promover y apoyar la lactancia”.

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Entonces, comenzaron sus movimientos, dignos de una pandilla de bravucones. La administración usó sus vínculos diplomáticos para amenazar a otros miembros que había asistido a la cumbre. Con los miembros ecuatorianos, por ejemplo, la amenaza fue que, si apoyaban la resolución, “podría ser” que perdieran parte del apoyo militar gringo que estaba siendo prestado para acabar con las pandillas.

Afortunadamente, la resolución fue aprobada por todos (incluyendo a Estados Unidos), pero algo muy curioso debió suceder para que se diera el contexto: los rusos intervinieron en las negociaciones, alteraron el texto, y de repente, era lo suficientemente bueno y abierto para la delegación del país de Trump.

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Las reacciones

Según Lucy Sullivan, directora ejecutiva de 1.000 días Estados Unidos, una asociación internacional que busca mejorar las condiciones de las madres que dan pecho  a lo largo del mundo, Estados Unidos está poniendo en la balanza la salud pública y el bienestar económico de los privados: “Dar pecho salva las vidas de mujeres y niños. Pero también es malo para el negocio mundial (y multibillonario) de la fórmula”.

A pesar de que muchas personas se enfocan más en el problema de la supuesta inmoralidad que en el poder económico de esas empresas, lo que dice Sullivan está lleno de sentido: es sabido que las fórmulas para bebés carecen del sustento alimenticio que predican, y han estado en más de una ocasión en el ojo de los entes fiscalizadores internacionales. Actualmente, según un código interno de la OMS, todas las compañías de fórmula para bebés tienen estrictamente prohibido apelar a las madres, el sentido maternal o su salud para vender. Su publicidad está siendo constantemente monitoreada y las multas son muy severas.

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Entonces, ¿qué es lo que queda? Lo típico: los privados dan dinero al Estado por el rabillo del ojo público, y se hace el milagro. De repente, las legislaciones aportan enormemente a los objetivos que las grandes empresas buscan.

A pesar de que no hablaron sobre la fórmula, la red online de madres Moms Rising, tachó las movidas del Gobierno como “impresionantes y vergonzosas”. También, aseguraron, harán todo lo que esté a su alcance para promover políticas públicas que protegan a las madres que dan pecho.

Instantánea y poderosa

A principios de este año, el medio inglés The Guardian decidió realizar una investigación sobre la fórmula para bebés. En ella, descubrieron que a pesar de la presión de la OMS sobre las compañías de leche instantánea, hay muchas empresas que se saltan las regulaciones con sobornos enormes y métodos agresivos. Finalmente, sigue habiendo un mensaje que llega a las madres y les asegura que deben escoger darle a sus bebés la leche en polvo por sobre la que producen ellas mismas.

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Las regiones más pobres del mundo son los lugares en donde más se ve esta clase de publicidad. Curiosamente, allá es justo donde las compañías lecheras han decidido instalarse durante los últimos años.

¿Vínculos escondidos?

Por supuesto que, como todo orden de cosas, las industrias y los estados neoliberales suelen tener conflictos de intereses. Vamos a los números: según un estudio de lactancia en los Estados Unidos que realizó Harvard en 2016, cerca de 3.340 muertes prematuras podrían evitarse cada año si las madres pudiesen dar pecho a sus hijos de manera más seguida y favorable.

3.340 muertes al año parece demasiado, ¿no? Sin exagerar, cualquiera que lea esto se pondría de inmediato del lado de las madres lactantes: además de ser un método natural y lógico según nuestra propia escala evolutiva, parece que no pierde fuerza a pesar de los sucedáneos que tienen una fuerte industria a lo largo del mundo. Entonces, ¿por qué la gente duda?

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La respuesta está en la plata. La industria de la fórmula de leche instantánea ha luchado contra las legislaciones desde hace varios años, pero sigue reuniendo cerca de 70 billones de dólares cada año. Por si fuera poco, la fortuna amasada no es todo el nexo que podría tener con ciertos países (muy curiosamente, Estados Unidos entre ellos). Abbott Nutrition es una de las casas más grandes del rubro, y es parte de la multinacional Laboratorios Abbott, uno de los principales contribuyentes a la ceremonia de inauguración de Trump en enero del 2017.

¿Más pruebas? Volvamos a la resolución de los Estados sobre la lactancia materna. El New York Times reportó que, en el evento celebrado en Ginebra, la delegación estadounidense amenazó con recortar su aporte a la OMS. Algo importante si se piensa que el país de Trump es su principal donante, con 845 millones de dólares el año pasado.

Las coincidencias son demasiadas y el puzzle se arma demasiado fácil. Sin embargo, los números hablan por sí solos. La lactancia es el camino más sano posible, y la gente se está dando cuenta, aunque el país más poderoso del mundo no lo quiera.

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