Por Catalina Yob
30 April, 2018

“A nosotros nos cambiaron la vida por completo”, relataron Adrián Urrutia y Fabio Bringas, cuya experiencia ha reabierto la idea de legislar sobre la adopción homoparental en los países en que está prohibida.

En el año 2010, Argentina cambió la historia para siempre al legislar sobre la Ley de Matrimonio Igualitario, a raíz de lo cual decenas y cientos de parejas homosexuales vieron cumplido su sueño: ser reconocidos ante la ley. Dos de ellos fueron Adrián Urrutia y Fabio Bringas, quienes creyeron que el estatuto que los autorizaba a unirse matrimonialmente ante la ley tardaría años en llegar. Meses después de la aprobación de la ley, Urrutia y Bringas contrajeron matrimonio en la ciudad de Neuquén, en Argentina.

La legislación sobre el tema no sólo les permitió contraer matrimonio. Tras la modificación del Código Civil, personas del mismo sexo unidas por el matrimonio adquirieron el derecho de adoptar con los mismos requisitos que ya existían para los matrimonios heterosexuales, hecho que los impulsó a ir más allá: formar una familia. 

Cinco años después de contraer matrimonio, Adrián y Fabio se dirigieron hasta el registro de Neuquén para iniciar oficialmente el proceso de adopción. Pese a que era legal la adopción homoparental, a la pareja se le cerraron decenas de puertas al momento de exteriorizar su deseo de adoptar. Que dos personas del mismo sexo cumplieran el rol de una madre y un padre generó el mismo repudio que sigue existiendo en decenas de países, en donde la ciudadanía manifiesta abiertamente su intolerancia ante la idea. 

Pasaron meses y ni siquiera había indicios de alguna respuesta por correo electrónico. Todo cambió cuando alguien les habló sobre tres hermanos adolescentes que vivían en un hogar para niños en la provincia de Luján, en Buenos Aires. Se trataba de Diego, Mariana y Cynthia, de 12, 14 y 16 años respectivamente, quienes fueron presuntamente abandonados cuando eran pequeños, por lo que no entendían realmente lo que conllevaba el concepto de familia. 

Adrián Urrutia
Adrián Urrutia

La importante decisión les provocó miedo en un inicio, sin embargo sus ansias de construir una familia los incitó a dirigirse hasta el hogar de niños en donde vivían quienes representaban sus candidatos a hijos. Mariana y Cynthia aguardaban por ellos en la localidad de Luján, sin embargo al momento de conocerse por primera vez, notaron la ausencia de Diego, el más pequeño. 

“Yo paso, yo no quiero”, fueron las palabras con las que Diego afrontó la visita de una pareja homosexual que quería conocerlos, para en un futuro concretar una adopción legal. La reunión se llevó a cabo entre los cuatro. Mientras caminaban, Adrián y Fabio sentían que los pasillos eran eternos, hasta que finalmente cruzaron miradas. Se saludaron y se abrazaron fuertemente, abrazo en el que incluso participó la directora y la trabajadora social del hogar. 

“Estábamos conmocionados porque nos contaron que ellos (los chicos) ya sabían que estaba la posibilidad de ser adoptados por dos papás de Neuquén. Nos preguntaron si no teníamos problema en conocerlos. En realidad, conocerlas porque Cynthia y Mariana estaban de acuerdo y habían estado hablando con la trabajadora social sobre la posibilidad de vincularse. Nuestro hijo, Diego, dijo ‘yo paso, yo no quiero’. Nos juntamos los cuatro, con las nenas. Recuerdo cuando íbamos entrando a la oficina: los pasillos se hacían eternos. Nos vimos, nos dijimos dos palabras, nos abrazamos y nos largamos a llorar los 6, la directora, y la trabajadora social, también”.

Fueron meses por los que se prolongó la vinculación entre los padres y sus actualmente tres hijos. Durante tres meses, Adrián y Fabio viajaron todos los fines de semana hasta Buenos Aires, hasta que finalmente llegó el momento en que todos viajaron hasta Neuquén.

“Ellos, toda la vida, soñaron con tener una familia y a nosotros nos cambiaron la vida por completo. Vos querés ser papá, de ese acto sale lo maravilloso de adoptar un niño, y que ese niño te adopte a vos y ahí te quedás sin palabras”.

¿Perjuicio o beneficio?

Actualmente son 34 los países que aprueban la adopción homoparental, mientras que en la mayoría de los restantes se niegan incluso a debatir sobre el tema. La adopción entre personas de un mismo sexo se ha vinculado en los últimos tiempos con la religión, hecho que ha permitido que los ciudadanos insertos en el mundo del cristianismo y catolicismo se hayan convertido en quienes han levantado las banderas de lucha en contra de que los homosexuales sean facultados de adoptar. 

En los países donde actualmente se está legislando sobre el tema, es común que en las principales arterias de las ciudades se convoquen marchas que permitan que otras personas repudien la adopción homoparental. Uno de sus principales argumentos para avalar su postura alude a que los niños criados por padres del mismo sexo tendrían mayores posibilidades de ser homosexuales en el futuro, lo cual no posee sustento científico alguno.

“Nuestros niños y niñas necesitan crecer con una figura paterna y materna, con principios y valores suficientes que les ayude a tener un desarrollo integral de la sociedad”, es una de la frases que se encuentra en uno de los carteles identificados en una de las movilizaciones en contra de la adopción homoparental.

Reporte Índigo
Cristianos Unidos

En Chile, el aumento en el porcentaje de niños abandonados que han sido trasladados hasta centros estatales en donde han sido abusados y vulnerados, ha desencadenado que cientos de usuarios que anteriormente se manifestaban en contra de la adopción homoparental, hoy aseguren que los únicos elementos que deben estar presentes en la crianza de un niño son el amor y la protección, sin importar quiénes estén a cargo de éste. 

“Desde 1989 existen estudios sobre las capacidades parentales de gays y lesbianas, que señalan que tenemos las mismas capacidades de crear apegos seguros, ejercer autoridad y entregar amor que las familias heterosexuales. Lo mismo ha señalado la Asociación Americana de Psicología, la Academia de Pediatría de Estados Unidos y el Colegio de Psicólogos de Chile. En el mismo sentido se manifestó la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el Fallo Atala, señalando que el interés superior de niños y niñas no puede basarse en prejuicios o estereotipos sobre la orientación sexual de sus padres o madres”, reza la carta con la que Fundación Iguales busca incentivar al actual gobierno chileno a legislar sobre el tema.

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